De noches y amaneceres…

Manu se muerde las dudas de noche y amanece con la capacidad de crear infiernos y cielos como quien pasa páginas pares e impares

0

¿Quién no ha vivido momentos de incertidumbres?

Noches de insomnio en las que la oscuridad se reinventa con luz propia mientras la retina recorre cada rincón del dormitorio entretanto las sombras cobran forma.

Noches de preguntas sin respuestas, controlando el pulso para no llamar de madrugada en busca de ese abrazo hecho susurro.

Noches de quedarse sin aliento… porque el beso se quedó en el portal.

Noches de llorar a los que se fueron, sin consuelo, sin más “allás”… sin estrellas que brillan “allá” y de nubes que no habitan en el cielo, “acá”.

Noches de camuflar la vida entre sábanas blancas con la esperanza de verlo todo con claridad al despertar.

Noches de un corazón que se deshoja por dentro.

Noches de confeti cuyo colorido te roba el sueño y sólo quieres que la fiesta no termine.

Noches de hospital con toque de queda y encontrar sentido a “comenzar la cuenta atrás”.

Noches de puzle al que le faltan piezas.

Noches de trasatlántico en medio de la tempestad, pero “que me quiten lo bailao”.

Noches de renacer y vértigo en tu colchón… ¿Y si me equivoco?.

Noches de realidad virtual, de sobresaltos, de segundos en off… Estoy soñando o estoy despierto.

Noches de fe y mover montañas.

Noches de dualidades y debilidades.

Manu se muerde las dudas de noche y amanece con la capacidad de crear infiernos y cielos como quien pasa páginas pares e impares. Cuando eso sucede, Manu deja la vida en blanco y remonta un nuevo sueño, abriendo y cerrando los ojos, cerrándolos para luego abrirlos y mirar bonito. Lo ha convertido en una buena práctica. Recordar esas noches y sus despertares la ayudan a entender nuevas situaciones sin condiciones. Un antes y un después.

Hoy Manu amanece como la primavera en invierno, seca… Algo deslavada de color y con las raíces a la intemperie. Tiene frío. Necesita luz. Busca una canción. Sinnerman. Fija la mirada en una foto suya de pequeña, guiña un ojo a modo de ‘click’ y se recuerda sintiendo física y emocionalmente. Sabía ser feliz sin que nadie la enseñara porque sí y hoy sabe prepararse un café con espuma… Y también regar la primavera, porque quiere.

Amaneceres.

Amaneceres de mirada de niño… De esos que creen que todo es posible.

Artículo anteriorLa madrina
Artículo siguienteLa luna de miel, cada vez más lejos
Mela Revuelta

Nací en otoño el año que el hombre pisó por primera vez la luna, en un continente donde la lluvia huele a tierra, donde crecen los baobas del Principito y donde el sol lo tiñe todo de naranja al atardecer. Mi fotografía es personal, recreo historias, busco capturar instantes que desabrochan algo dentro de mi y conectar con la esencia de lo que se encuentra al otro lado de la lente. Adoro el pulso de la vida, reunir, crear, proyectar, compartir… todo cuanto da sentido a nuestro espacio “la nave Q late…”. Me llamo Mela.