Desplegar

Hay que estar dispuesto a vivir todo lo que se siente por dentro y hacer que fluya, incluso lo que no nos gusta porque a algún punto nos orienta.

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“Si lo que me gustaba de ti eran tus alas, para qué cortarlas…”. Aquella frase había acompañado a Manu años. Y no sólo asociada a mujeres, no. Sino al sentimiento tan destructivo como el de la posesión como consecuencia de la falta de seguridad. Por no mencionar la dificultad de conciliar el silencio con la soledad y apestar al miedo. Al final es uno mismo quien pone sus propias limitaciones pero eso es algo complejo de asimilar.

Hay que estar dispuesto a vivir todo lo que se siente por dentro y hacer que fluya, incluso lo que no nos gusta porque a algún punto nos orienta. Manu había ejercitado el arte de estar con ella misma, aprendió a sepultar todos los ruidos, unas veces con distracciones.

Sin ser una experta culinaria había encontrado en la cocina un refugio de creatividad. Otras, concentrándose en escuchar a los demás porque era su fuerte empatizar y así sus propios problemas se diluían cuando los de los demás espesaban. Hoy identificaba claramente esos momentos y sentía alivio porque también escogía estar sola. Era el primer paso para desplegar las alas.

De pequeña jugaba con sus hermanas a volar, extendían los brazos y surcaban las praderas. Era como estar en el cielo a tan sólo dos palmos del suelo entre salto y salto. Y el mejor paseo por las nubes era quedarse bajo las sábanas cuando su madre las doblaba con ayuda y, antes de plisarlas, las llenaba de aire alzándolas para dejarlas caer amenazando tormenta y corrían en busca de amparo. ¡WOW! ¡Qué sensación aquella cuando volvía el lienzo a ascender… La cabellera revuelta y los brazos en alto queriéndose sujetar a la tela! Ascender. Trascender.

Enfrascada en ese vuelo recordaba los días de soledad acompañada que nada tenían que ver con su ahora. Manu esboza una sonrisa. No se siente irresistiblemente feliz pero sí en paz.

Miedo a volar… No poder tender las alas porque es otra actitud la que se espera de ti. La generosidad no puede malinterpretarse. Hoy elige hacer lo que la dicta el corazón, reconocer su sitio en ese mundo donde algunas mañanas despierta con ganas de comérselo y otros días parece que se la engulle. Ese.

Manu no tiene memoria de grillo pero tampoco habita con el rencor, sólo que un día tuvo que recolocar sus porqués y decidió ser honesta con su vida. Las articulaciones duelen. Tanto tiempo plegadas que la caída libre asusta. Sonríe pero no una medio sonrisa conforme, no. Sonríe. Manu respira. El aire llega hasta el estómago. Lo siente. El pecho ya no duele. No se marea.

De fondo una canción, su canción y canta. Enérgica. Canta. Vuela.

Tonight I want to sit alone and change.
I want to turn that fucking page and walk away from you.
Tonight I want to see me as I am, grab a knife and cut my hand
so I can see the wound.
Go away pain, go away.
I will show you the way, you’ve stayed way too long here.
And it’s getting late pain, it’s getting late
and I’ve never been your fate so go back to your mate.
The nights are passing by but I’m the same
and I’ve got no one to blame, this pain it isn’t real.
Changing who you are is so damn hard
from the ending to the start, fighting for the wrong ideal.

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