El ‘pollo de los domingos’

Hubo un tiempo en el que comerlo con patatas era todo un manjar que pocos podían degustar

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Gracias al nivel de vida del que disfrutamos hoy, apenas constituye un acontecimiento comer. La cartera permite, en general, tantas licencias que no se aprecia casi nada. Pero como no todos los tiempos fueron de vientos tan favorables, conviene mirar por el retrovisor. Solo así se interpretará en su justa dimensión el presente. Citaré al respecto un paradigma: el inolvidable ‘pollo de los domingos’.

Antaño, de vez en cuando (ojo al matiz: de vez en cuando) se comía los domingos pollo asado acompañado con patatas. Festín de proporciones extraordinarias. ¡Qué bien olía la cocina! ¡Qué cantidad de veces se abría el horno para ver cómo iba la cosa y percibir aquel delicioso perfume!

Comer pollo asado los domingos era un lujo que no todas las personas se podían permitir. Quienes accedían a él gozaban con un placer de estrella Michelín. Estaba de sobresaliente ‘cum laude’. Tras su ingesta todo eran loas para la mamá-cocinera. Como recuerdo, en cada plato quedaban los huesos con los que acabaría entreteniéndose el perro. El anhelado ‘pollo de los domingos’ se hizo igual de popular que el ‘traje de los domingos’, al que dedicaré otro capítulo en este florilegio de evocaciones.

Los ciudadanos que, por razón de edad, sabemos de qué va la cuestión, subrayamos a diario la actual buena mesa. Es evidente que para valorar algo resulta imprescindible no haberlo tenido o que costara bastante tenerlo. El manjar que protagoniza este artículo lo demuestra sin dejar lugar a dudas. ¡Ñam, ñam!

Aunque a muchos les cueste creerlo debido a que su existencia es una ‘peli’ de Walt Disney (siempre ha habido gente afortunada), existió el pasado. Cuando el genial personaje de cómic Carpanta, inspiradísima idea de Escobar, soñaba en cada historieta con un pollo asado, le sobraban motivos. Lástima que en su caso, y en la mayoría de los que no éramos él, se cumpliera con indeseable frecuencia la afirmación de Jacinto Benavente: “En la vida, la mayor parte de los sueños… se roncan”.

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Javier Rodríguez
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido locutor y presentador de programas en Radio Torrelavega, COPE Cantabria y Punto Radio Santander. Desde sus populares emisiones radiofónicas fue el promotor de los monumentos que el Ayuntamiento de Santander erigió en la ciudad al cantante Jorge Sepúlveda y los payasos 'Hermanos Tonetti'. En televisión ha presentado Informativos y programas de entrevistas en Canal 8 DM TV. Escribe artículos de actualidad y la sección “El Mirador” en El Diario Montañés, periódico líder en ventas y difusión en Cantabria. Ha ofrecido diversas conferencias, imparte el curso “Aprender a hablar en público' y es autor de los libros 'Manual para un espectador de circo', 'La televisión y los españoles', 'Risas y lágrimas. Historia de los payasos españoles', 'La paz, un difícil camino. 8 días con el ejército español en Bosnia-Herzegovina', 'El perfume del alma' y 'Lo que el tiempo se llevó'. Además, es profesor de la asignatura 'Habilidades de Comunicación' en el Centro Universitario CESINE, de Santander.