Y no pasaba nada

Recuerdo cuando tenía 9 años. Y era totalmente libre. Y no pasaba nada...

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Esta foto fue tomada el 4 de Julio de 2014. Aún no conocíamos a Juan Merodio. Pero nos quedamos todos observando fascinados a aquel tipo único, sin casco, sin protecciones, que literalmente, ‘volaba’, y parecía salido de los años 70. Curiosamente luego Juan, pasó a ser uno de los profesores de surf de mis hijos. Privilegiados ellos, de poder aprender junto a alguien tan libre. Gracias Juan.

Recuerdo cuando tenía 9 años. Cogía el autobús a la puerta de mi casa y me iba al cine Capitol. Allí quedaba con mis amigas. Comprábamos palomitas en una bolsa de plástico alargada y transparente, cerrada con un adhesivo amarillo que era imposible abrir, hacíamos un pequeño agujero en la parte superior y las comíamos una a una. Porque antes, las palomitas se comían de una en una. Sí, antes las palomitas se disfrutaban. También devorábamos unos tubos rojos de Nestlé, repletos de onzas de chocolate redondas envueltas en un maravilloso papel dorado. Y gominolas ‘Jelly’.

Recuerdo cuando tenía 9 años. Cogía mis patines y me iba a Piquio con mi pandilla de ‘Los Castros’. Primero parábamos en ‘Mariuca’, para comprar ‘chuches’. Luego patinábamos sobre el maravilloso suelo azul rodeado de palmeras, y si nos había sobrado dinero, bajábamos a ‘Roma’ a comprar un helado de esos tan buenos que hacía Chiqui, o nos acercábamos a ‘Las Máquinas’, para echar una partida al Tetris o a cualquier aparato de Atari.

Recuerdo cuando tenía nueve años. Llegaba la Noche de San Juan. Días antes recorríamos los desiertos bosques y campos, que ahora sirven de suelo para los Campos de Sport de El Sardinero. Allí había toda clase de maderas. Y creábamos nuestra propia hoguera, en el lugar donde ahora se asienta ‘Marisma’. La encendíamos nosotros mismos. Con papeles y un mechero. Asábamos chorizos, y patatas, envueltos en papel ‘Albal’. Luego saltábamos las brasas.

Recuerdo cuando tenía 9 años. Era verano y éramos libres. Montábamos en ‘skate’ en una ‘U’ de madera, sin rodilleras, sin cascos, con las rodillas quemadas, y el viento y la adrenalina en la cara. Cuando llovía jugábamos a ‘El clavo’. También al béisbol y a ‘quemar’ en mitad de la calle. Tocábamos el timbre de los vecinos a la hora de la siesta para molestarles, y nos mojábamos con la manguera del garaje mientras jugábamos al escondite entre los coches.

Recuerdo cuando tenía 9 años. Y era totalmente libre. Y no pasaba nada. Los patios de las casas estaban llenos de niños que campaban a sus anchas. No había actividades extra-escolares. Jugábamos. Vivíamos. Sin más. Tan diferentes nuestras vidas de las de las de ahora. Ahora. Tan sumamente protegidos y vigilados. Y no echemos la culpa a que ‘eran otros tiempos’. En realidad los tiempos, el tiempo, siguen con sus medidas. Con sus segundos, sus minutos, y sus horas. En realidad somos nosotros los que hemos cambiado. La vida sigue igual, con sus luces y sus sombras. Con sus peligros acechando y sus buenos momentos esperando. Igual. Hay días que pienso, que la verdadera amenaza que hay ahí fuera, somos nosotros mismos. Como dice mi padre “No se puede ser un padre-abuelo. Sois una generación de padres-chocheras”. Y tiene razón. Ya lo creo que la tiene.

Texto & Foto: Belén de Benito (17)

2 Comentarios

  1. Belén he leído tu articulo “Y no pasaba nada”, me he permitido transcribirlo tal cual en mi muro de “feisbuc” (diciendo que no es mio y con tu firma), me he sentido muy identificado, espero que no te haya molestado. Muchas gracias

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