“En Madrid hay que tener tiempo y dinero”

Elvira Calvo es una periodista cántabra afincada en Madrid que, desde la Universidad Complutense, prepara a sus alumnos para el difícil mundo de la comunicación

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Aunque lleva más de veinte años en Madrid a Elvira Calvo (Villanueva de Villaescusa, 1968), le siguen preguntando algunos de sus paisanos que cómo puede vivir en la capital con el horror que es. “Sí, mira qué horror”, dice entre risas señalando a su alrededor el bonito Parque del Oeste, desde una terraza en el Paseo del Pintor Rosales. Ese es su barrio, en el que tiene a sus amigos, donde compra, en el que disfruta de su día a día y con el que consigue tener una vida ‘bastante de pueblo’.

A esta periodista y docente, que ha compaginado durante años su trabajo como profesora en la Universidad Complutense con su labor en diferentes medios de comunicación, le encantaría vivir entre Madrid y Cantabria, algo que prácticamente consigue en la actualidad y que espera hacer durante mucho tiempo.

Elvira Calvo ha hablado con Cantabria DModa de su vida en la capital, su añoranza del Norte y sobre periodismo, una profesión de la que lleva viviendo desde que terminó la carrera.

-¿Por qué viniste a Madrid?
-Elvira Calvo: Vine a estudiar Periodismo en 1986, pero cuando terminé me volví rauda y veloz a Santander porque tenía allí a mi familia. Consideré que en cinco años me había divertido mucho y me volví a mi tierra. Estuve trabajando en mi cuidad un par de años, hasta que me salió la posibilidad de hacer un Máster de Comunicación Corporativa y regresé. Tenía gusanillo… Me vine por el máster, pero en realidad creo que quería volver a Madrid y ya no me he vuelto a ir nunca más.

-¿Te has planteado marcharte en algún momento?
-La vida te lleva por un camino y a mí me ha llevado por este. Y estoy contenta. Me casé con un madrileño y tuve un niño. Eso, quieras o no, me ata a esta ciudad. Estoy ligada por tres cosas: mi niño -al que le encanta Cantabria pero tiene su vida aquí-, mi casa y mi trabajo en la Complutense. Son las tres cosas que me vinculan a Madrid y que hacen que me encante la ciudad. Aunque, en tantos años, también he tenido momentos de odio.

-¿Los momentos de odio han venido por la ciudad o por situaciones personales?
-Siendo de pueblo, me he dado cuenta de que soy bastante urbanita porque me gusta mucho vivir en la ciudad. Cuando voy a Cantabria, aunque mi pueblo sea Villanueva, me paso las horas en Santander. Esos momentos de amor u odio venían provocados por mi situación personal. En Madrid tienes que tener tiempo y dinero, y conseguir esas dos cosas es muy difícil. Por lo demás, yo llevo una vida bastante de pueblo. Vivo en este barrio, disfruto de él, compro aquí, tengo amigos en este barrio y trabajo a ocho minutos, lo que me permite ir en moto al trabajo.

-¿Qué echas de menos de Cantabria y qué sueles hacer cuando estás allí?
-Las cosas han cambiado mucho. Cuando yo vine a estudiar, no se podía ir todos los fines de semana. No había autobuses o trenes baratos, ni Blablacar ni nada de eso. Entonces iba sólo en  vacaciones y en algún puente, y cuando iba tenía la necesidad de ir a merendar al Chiqui para ver la playa de El Sardinero. Eso me pasó durante muchos años, luego las cosas han ido cambiando y ya no tengo esa urgencia, así que voy más a ver a mi familia.

-¿Cada cuánto te escapas a las tierruca?
-En invierno me cuesta más, porque se hace de noche enseguida. A partir de primavera, vamos por lo menos una vez al mes, y en verano todos los fines de semana. De hecho, en verano yo dejo a mi hijo allí y viajo todos los fines de semana. Aunque este año, como tengo más vacaciones, podré estar más.

-¿Qué piensa tu hijo de la vida en Cantabria?
-Mi hijo está ‘cantabrizado’. Si fuera por él se iría para allá. Nota que la gente es más sencilla y está más relajada. Cuando era pequeño, que todavía había matrículas regionales, y yo veía a alguien de Santander, siempre saludaba y él me preguntaba que porqué lo hacía si nosotros éramos de Madrid. Sin embargo, ahora es al revés, y cuando conoce a alguien rápidamente le cuenta que somos cántabros. Desde que tiene ocho meses ha pasado todos los veranos allí con mi madre, iba a campamentos, tiene sus amigos, su campo de fútbol, su bici… Creo que le gusta porque se siente más libre que en Madrid. Aquí se ha criado en este parque (Parque del Oeste) y poco más. Allí, en cambio, coge la bicicleta, el bocadillo y desaparece…

-¿Crees que es más fácil encontrar trabajo en Madrid?
-Yo se lo digo a mis alumnos, depende de lo que tengas en la cabeza. Algunos son de Toledo y quieren trabajar allí, pues que se vayan y que busquen. Cada uno tiene que estar donde quiera o al menos intentarlo. En mi época ya era difícil encontrar trabajo de periodista. Nunca ha sido fácil. Lo que pasa que en aquellos años, hablo de 1991, sólo había cuatro facultades de Periodismo en toda España.

-¿Cómo ves la carrera de Periodismo en la actualidad?
-Antes era una carrera excesivamente larga. Cuatro años, como es ahora, creo que está bien, pero te obligan a hacer un máster, con lo cual sigue siendo una carrera larga para lo que es en sí el oficio. Dicho esto, yo insisto a mis alumnos que, si de verdad quieren ser periodistas, vayan a por ello. El problema es que muchos lo hacen porque les parece bonito, sugerente y piensan que van a tener una vida maravillosa y no. Hoy en día, ser periodista es casi como ser pintor, artista o escultor, es decir, tienes que tener mucha suerte en la vida para poder vivir de ello.

-¿Por qué es tan difícil trabajar en esta profesión?
-El problema, desde mi punto de vista, es que hay treinta y cuatro universidades de Periodismo en España y eso tendría que estar prohibido. Hay facultad en Granada, Málaga, Sevilla, Almería…Los andaluces que venían a estudiar a la Complutense ya no vienen, se quedan cómodamente en casa de mamá estudiando Periodismo que es lo más fácil. Así que pegas una patada y salen cien mil… Y eso es un problema político, no de la profesión. Han sido los políticos los que han promocionado y posibilitado la existencia de tantas facultades. Si sólo siguiera habiendo cuatro, el periodismo no tendría esos problemas.

-¿Cómo llegaste a la docencia?
-Mi madre fue maestra, ya está jubilada, y desde pequeña me decían que yo tenía que ser como ella. Y crecí con la cosa de estudiar Magisterio, pero tenía una tía bisabuela que, cuando veía los telediarios, me decía que yo de mayor tenía que presentar los informativos. Era la única de la familia que me insistía un poco, en una época en la que yo ni me lo planteaba. La vida pasó, cumplí 18, me apunté a Magisterio en Cantabria y de repente se me cruzó el cable. Me planteé venirme a Madrid y eso es lo que hice. Nueve años más tarde, mientras hacía un doctorado, salió una plaza para dar clases de radio, me presenté y empecé como ayudante de una profesora. Desde entonces he compatibilizado mis clases en la Facultad, que eran seis horas semanales, con el trabajo que supuestamente me daba de comer.

-¿Has tenido algún empleo que no tuviese nada que ver con el Periodismo?
-Cuando acabé la carrera de Periodismo el panorama estaba fatal, pero gracias a Dios solo he vivido de ello. Nunca he tenido que trabajar en otra cosa y toco madera, porque me parece un lujo. Compatibilizar dos trabajos con un niño pequeño me ha resultado bastante difícil y no contenta con eso decidí terminar la tesis doctoral y así, a base de mucho tesón, aburrimiento y constancia, pues he conseguido este contrato fijo en la Complutense.

-¿Cómo vivió la adaptación a Bolonia? ¿En qué ha cambiado la carrera?
-Nos afectó en la medida que tuvimos que reajustar la programación y eso nos obligó a dar clases que no eran nuestras. Con Bolonia la carrera ha bajado a cuatro años pero las asignaturas importantes, periodísticamente hablando, se han vuelto cuatrimestrales. Los alumnos no saben nada de televisión hasta que llegan a cuarto y encima resulta que sólo tienen esa asignatura un cuatrimestre.

-Los periodistas, en muchas ocasiones, no están satisfechos con la carrera. ¿Cuál crees que es el problema?
-Cuando se abrieron las facultades de Periodismo en España, no había periodistas para dar clase porque estaban trabajando en los medios. Los profesores eran profesionales de otras ciencias y por eso, los programas son tan poco periodísticos. Me gustaría que esto cambiara y tendrá que hacerlo. Se supone que un periodista tiene que tener conocimientos de economía, historia, literatura, por supuesto, pero esas pueden ser asignaturas de libre elección. Y las que son obligatorias, pues caña con ellas.

-¿Qué le dirías a un periodista que quiere encontrar trabajo?
-Que se mueva como una lagartija, para arriba, abajo, izquierda, derecha y en diagonal. Nadie te va a llamar para trabajar. Tienes que hacer un complemento académico que consiste en ir a conferencias, exposiciones, cursos de verano, seminarios, jornadas. En todos estos sitios es donde vas a conocer a la gente que está en el rollo en el que tú quieres estar. No es una asignatura ni se enseña en la facultad, pero es el 80% de lo realmente importante. Tener una inmensa red, al final es cuestión de contactos.

-¿Callos madrileños o rabas de Cantabria?
-Las rabas de Cantabria. Las buenas, porque en algunos sitios sirven algunas…

-¿Volverías a vivir en Cantabria?
-Me gustaría compatibilizar seis meses aquí y otros seis allí. Si me fuese para siempre a Cantabria echaría de menos esto. Ya llevo en Madrid treinta años. Siempre he tenido en la cabeza que Cantabria es mi hogar y Madrid, mi trabajo. Y tengo la gran fortuna de ser muy feliz en casa y en el trabajo

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