En lancha sobre la Ría de Cubas

Descubre el entorno natural del estuario del Miera (Cantabria) montado en una motora. Espía con los prismáticos al Águila pescadora y a otras aves y animales. Desvelarás muchas incógnitas, como el largo viaje de las anguilas hasta mares norteamericanos

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POR IRATXE LÓPEZ


¡Ponte el chaleco y sube a la lancha neumática! Es hora de recorrer el canal principal de la Bahía de Santander, de navegar sobre el estuario del Miera, entre las localidades de Pedreña y la Flecha Litoral del Puntal para, después, internarse en la cuenca baja del río Miera hasta la localidad de Cubas. De imbuirse en dos Espacios Naturales Protegidos de Cantabria para disfrutar de la brisa y observar sus plantas y animales.

«La travesía discurre a orillas del municipio de Marina de Cudeyo, en el lado oeste, y Ribamontán al Mar, en el este, atravesando las localidades de Pedreña, Elechas, Rubayo y Setién; de Somo, Suesa y finalmente Cubas», concreta su organizador, Carlos Sáinz.

Sobre el agua, con la motora rompiendo el curso y una estela abandonada desde la popa, un guía desvelará la importancia de los complejos dunares, ríos y bosques de ribera. «Las dunas del Puntal ejercen como dique de contención frente al oleaje originado en temporales de invierno. Impiden que el mar inunde Pedreña. Sus seis kilómetros de longitud resisten el embate de las olas. La vegetación que corona estas montañas de arena es la auténtica artífice de que el puntal y sus dunas resistan. Tiene raíces muy extensas, como la del barrón que conforman el esqueleto interno de esos arenales. Sus tallos evitan que el viento se lleve grano a grano el sedimento».

Los ojos de los asistentes comprobarán este milagro. Verán cómo la tierra lucha contra el mar en una batalla eterna. «Las plantas que han conseguido adaptarse a este ambiente hostil son auténticas heroínas. Sobreviven al exceso de viento, de salinidad, de insolación, con apenas materia orgánica en sus raíces».

Los ecosistemas que salen al encuentro de la barca garantizan alimento, agua y energía. Se han convertido en hogar de especies prioritarias para Europa. Previenen inundaciones y hacen frente al cambio climático. Por sus lindes habitan tranquilas aves acuáticas y marinas cuya presencia adoran nuestros prismáticos. «¡Mirad cómo se zambulle el cormorán moñudo!», podrá escucharse entre rumor de asombros. «¡El colimbro grande bucea!», aplaudirán. «Anátidas como el silbón europeo y los negrones, ardeidas y abundantes bandos de limícolas, como el zarapito real o los correlimos comunes, son habituales del lugar, así como rapaces del estilo del Milano negro, la atractiva águila pescadora o al aguilucho lagunero, comunes en verano», añade el experto. Un lujo para los amantes de la ornitología. Una nueva sensación para quienes desconocen esta observadora disciplina.

Eso en el cielo. Debajo del agua también hay mucha vida. Entre la algarabía de los presentes, que admiran paisajes con devoción creyente, el guía reclama atenciones para comentar el periplo por el océano de anguilas y angulas. Frecuentan la cuenca baja y el estuario del Miera hasta convertirse en adultas.

Cuando la llamada a perpetuar la especie suena, emprenden un larguísimo viaje. Cruzan el Océano Atlántico hasta el Mar de los Sargazos, frente a las costas norteamericanas. Allí se reproducen y sus larvas forman grandes bolas que comienzan el retorno a casa empujadas por las corrientes del golfo. Increíble pero cierto. No contentas con ese trajín, años más tarde, esas larvas convertidas en angulas se disponen a remontar las cuencas de los ríos de donde descendieron sus padres. «Las que libran la trampa del pescador y del pico del ave vivirán en el río y en el entorno del estuario hasta convertirse en adultas y comenzar de nuevo el ciclo». Premio a la constancia y foto para congelar la sorpresa en la cara de los asistentes. No hay como saber el esfuerzo que cuesta hacer algo para respetarlo.

Más viento sobre la cara, salitre, felicidad y datos. Como los que dejó la influencia de la construcción naval en la bahía. «Hubo dos impactos sobre la cuenca. El primero, la casi completa tala de robledales, provocando un paisaje de praderas y problemas de erosión en el terreno y que el río tenga bruscas fluctuaciones en su caudal, pudiendo subir mucho en épocas de lluvias y descender rápidamente cuando remiten. El segundo, los rellenos, pues gran parte de las orillas están limitadas por escolleras y, tras ellas, cientos de hectáreas han sido ganadas al río a modo de pólder holandés. Se hizo así para mantener un caudal apropiado en el transporte fluvial de los troncos talados aguas arriba o en las Merindades de Burgos. Y para ganar terreno de pastos».

Lo curioso de todo es que un río con esta variabilidad de aguas no ayuda a mantener equilibrios ecológicos complejos pero, a pesar de ello, los asistentes pueden disfrutar con la presencia de especies que les maravillan. «Les encanta el águila pescadora, los grandes bandos de anátidas y la espátula común. Abren muchos los ojos al observar pequeñas manchas de bosque mediterráneo, con encinas y laureles en pleno arco Atlántico, lo diminuto que es el nido del Milano negro encaramado en un eucalipto, y que el Ostrero es capaz de abrir las almejas finas sin necesidad de ponerlas a la sartén», comenta Carlos, antes de animar a participar en la actividad, amena para los niños, interesante para adultos o aficionados a la fotografía de naturaleza y aves.

Los datos

Dónde: Ría de Cubas. Embarque Dársena de Molnedo, Puertochico (Santander).

Cuándo: 9, 11, 23 y 26 julio; 8, 10, 20 y 23 agosto; 9 septiembre; 7 octubre.
Horario: 16.00 y 15.45 horas. (10 personas por turno).
Precio: 15 euros.
Duración: 1,30 horas.
Incluye: Guía intérprete del patrimonio y ornitólogo, préstamo de prismáticos, guías de identificación, seguro de RC y accidentes.
Reservas: 942 236 988 / 630 258 513.

1 Comentario

  1. Intentar vender la ría de Cubas como un entorno natural, cargado de águilas y otra fauna, es cuando menos un engaño.
    De limpia no tiene nada, cuanto más se adentra uno, más desperdicios de alcantarilla ve, entiendase la naturaleza de estos desperdicios.
    Al menos, si alguien intenta vender un entorno de naturaleza, esto debe ser cierto.

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