Conoce tu tipo de piel

Hoy vamos a hablar delos tipos de piel y de cómo averiguar, de una manera sencilla, a cuál de ellos se aproxima más la nuestra

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La piel es el órgano que recubre toda la superficie de nuestro cuerpo y, además, la piel es el soporte sobre el que vamos a aplicar todos los productos cosméticos por lo que conocer su anatomía y su fisiología es indispensable para saber cómo van a actuar éstos, y también cuáles son los cosméticos que deberemos elegir, en función de nuestro tipo de piel y de los efectos que queramos conseguir.

Un buen tratamiento médico puede resultar totalmente ineficaz si el diagnóstico no ha sido correcto; la mejor crema del mundo o la más cara, puede convertirse en la peor si no se ha elegido de forma adecuada para nuestro tipo de piel, lo que puede, no sólo no aportar ningún beneficio si no perjudicarnos.

Teniendo bien claro cuál es nuestro tipo de piel, vamos a conseguir los efectos que deseamos para cada cosmético, y además, nos ahorraremos algunos euros.

La primera clasificación de los tipos de piel se la debemos a Helena Rubinstein. Pasó su juventud entre probetas y tubos de ensayo, y a uno de sus ensayos pertenece la diferenciación de las pieles en normales, grasas, secas y mixtas.

Debemos aclarar que, cuando hablamos de una ‘piel seca’, no nos referimos a que tenga poca agua, sino a que tenga escasez de secreción sebácea, por oposición a la ‘piel grasa’ que tendría un exceso. Lo que ocurre es que, al tener menos grasa, el agua de la superficie no tendrá con quién emulsionarse y se va a evaporar, por lo que el resultado final es que también tendrá una menor hidratación, pero como efecto secundario.

Para saber cómo es nuestra piel, lo más adecuado sería acudir a un centro de estética, para que un profesional nos haga un estudio utilizando diversas técnicas y material de  diagnóstico.
Pero también podemos tener una primera aproximación en casa, utilizando un sencillo método. Vamos a observar nuestra piel tras doce horas sin cosméticos (por ejemplo por la mañana, habiendo dormido sin cremas) y vamos a compararla con una fruta:

– La ‘piel normal’ se correspondería con el melocotón: tiene un aspecto terso y sano, su color es uniforme y sonrosado, los poros se pueden observar pero no están dilatados; al tocarla su tacto es suave y aterciopelado y es una piel de grosor medio.

– La ‘piel grasa’ se correspondería con una naranja: su aspecto es brillante, su color es normalmente uniforme, los poros son dilatados y profundos; al tocarla su tacto es untuoso y la superficie a veces granulosa, y es una piel gruesa y resistente.

– La ‘piel seca’ se correspondería con la manzana: tiene un aspecto apagado y frágil, su color es normalmente pálido o incluso grisáceo, los poros son prácticamente inapreciables; al tocarla, si no está bien cuidada, puede áspera y es su grosor es muy fino, por lo que parece casi transparente. Es el tipo de piel más delicado.

– Y por último tendríamos la ‘piel mixta’, que consiste en una mezcla de ‘piel grasa’ en la ‘zona T’ (frente, nariz y mentón, que, si nos fijamos, forman una T mayúscula; de ahí el nombre); combinada con ‘piel seca’ o ‘piel normal’ en el resto de la cara.
Además de estos tipos, existen pieles sensibles, pieles con acné, pieles atópicas… pero ésas ya serían objeto de un estudio mucho más profesional.

Llegados a este punto sólo nos queda elegir los cosméticos más adecuados para nuestro tipo de piel y, por supuesto, tener la constancia necesaria para que podamos ver sus efectos.

¡Feliz día y hasta la semana que viene!