#libératetodoscagamos

La vida también es papel de estraza, juguetes de plástico rotos, suciedad, fealdad, desorden, caos, cabezas despeinadas, piernas mal depiladas...

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Y se nos va. Se nos va la pinza. Se nos va todo. Se nos va la vida. Se nos va el tiempo. Y mientras tanto, se nos olvidó el vivir. El mirar. El contemplar. A golpe de móvil. A golpe de relativa realidad compartida. Estudiada. Maquillada. Esa foto que hay que subir. Esa foto que hay que compartir. Esa falsa perfección. Ay. Hay. Ahí. Cuidado. Encuadramos sólo aquello que nos gusta. Colocamos. Recolocamos. Obviamos. Falseamos. Porque, no nos engañemos, la vida no sólo se compone de paredes blancas recién pintadas, habitaciones impolutas, platos estudiadamente desiguales, ornamentos perfectos, comidas deliciosas, esquinas sin polvo, sonrisas perfectas, amigos para siempre, familias que parece que están adheridas con pegamento, fiestas en las que todo el mundo parace divertirse hasta el éxtasis. No.

La vida también es papel de estraza, juguetes de plástico rotos, suciedad, fealdad, desorden, caos, cabezas despeinadas, piernas mal depiladas, cenas en las que no ves la hora de volver a casa, ‘partenaires’ coñazo, bostezos, cansancio, hartazgo de todo en general y de nada en particular, desidia. Pero eso no lo veo. Porque eso nadie lo saca. No. Sólo veo fotos de lugares paradisíacos, de aguas cristalinas, de casas de ensueño, de edificios colosales, de viajes inigualables, de labios pintados, de uñas de manicura perfecta. Todo tan, tan, tan. Que lo único que me pregunto es dónde. Dónde. Dónde quedó el camping, la pared de gotelé, la casa a medio hacer, la ropa tirada por el suelo, el armario desvencijado, la pared desconchada, la puerta que siempre cierra mal, el mueble apolillado, el suelo machacado, el niño lleno de mierda. Todo ésto debió quedar fuera del encuadre. Empujado. Apartado. Oculto. Allí, en la esquina. Calla. Que no se vea.

Que no se vea que todos vamos al baño. Todos. Y si entre tanta falsa belleza que parece rodearnos y que nos empeñamos en retratar, se te olvidó este hecho que todos practicamos y que nos coloca los pies sobre el suelo, no tienes más que ir al pasillo de cualquier supermercado. Tú vete. Y allí estará. Tarde o temprano aparecerá. Ese hombre con el paquete de papel higiénico debajo del brazo. Doble rollo. Para que dure más. Porque el agua, la cerveza, y el papel para limpiarse el culo, que no falten nunca en casa. Nunca. Y eso el hombre lo sabe. Lo sabe. Como suele decir mi padre: “Cada cagada nos coloca más cerca de la vida y de la muerte. Eres consciente de que estás, y eres consciente de que no eres nada”. Es un lujo tener un padre que recapacita hasta de aquello del cagar. Literal y metafórico como él solo. Un lujo. El día que vea la foto de alguien comprando papel higiénico acompañada de un revelador #libératetodoscagamos, le aplaudiré. Le aplaudiré. Porque esta simulada perfección nos va a matar.

Texto & Foto: Belén de Benito (17)

1 Comentario

  1. Lo he leído sentado en el baño y que agusto me he quedado. Magnifico, Belen.

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