Los exfoliantes, segunda parte

Hoy analizamos cómo se aplican y cómo actúan sobre nuestra piel

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Hoy vamos a completar la información sobre los exfoliantes, que ya analizamos en el artículo anterior, y ya estaremos perfectamente preparados para poder elegir el más adecuado en cada momento.

Ya sabemos varias cosas sobre los exfoliantes:

¿Qué es un exfoliante?

Es un producto que nos ayuda a eliminar las células desvitalizadas de la superficie de la piel, dejando paso a otras células más jóvenes; con lo que, además de limpiar en profundidad, el exfoliante también nos va a permitir acelerar el proceso de renovación de la epidermis.

Tipos de exfoliantes

También vimos en el artículo anterior los diferentes tipos de exfoliantes que existen en el mercado: los exfoliantes físicos -que contienen partículas sólidas-, los químicos -que tienen un pH ácido- y los exfoliantes biológicos -que incluyen enzimas en su composición-.

¿Cómo actúan los exfoliantes?

Analizamos la forma de actuación de cada tipo de peeling: los físicos por abrasión, los químicos por disolución y los biológicos por catálisis; y también hablamos de la forma de aplicación, que vamos a recordar en el siguiente punto.

¿Cómo se aplican los exfoliantes?

Los exfoliantes físicos, que son los que tienen pequeñas partículas sólidas, se aplican mediante un masaje (con las manos o con cepillos), con movimientos circulares, a diferencia de los químicos y los biológicos, que se colocan en la zona de aplicación con una brocha y se dejan actuar. Ya dijimos que era muy importante respetar siempre el tiempo de exposición que marca el fabricante.

La forma de aplicación también va a influir a la hora de elegir uno u otro tipo de peeling.

Por ejemplo, si tenemos una piel con acné (en la que hay una infección bacteriana), NO serían adecuados los exfoliantes físicos, ya que con el masaje vamos a ‘propagar’ la infección. En este caso serían más recomendables los otros dos tipos.

Otro ejemplo: si tenemos una piel muy sensible, o una piel con fragilidad vascular -de ésas que tienen telangiectasias (pequeñas venitas rotas)-, tampoco serían adecuados los exfoliantes físicos fuertes. Para estos casos lo más aconsejable sería optar por un peeling físico suave, con bolitas de polietileno y aplicado con muy poca presión; o por uno químico o biológico pero de bajas concentraciones.

¿Cuándo se aplican los exfoliantes?

Lo ideal sería aplicarlos por la noche, antes de acostarnos. Y, una vez retirados, con la piel bien limpia, aplicar después un producto de tratamiento (hidratante, calmante, seborregulador, tensor, antimanchas,…) e irnos a descansar. Así también dejaremos descansar a nuestra piel tras la ´pequeña agresión´ que supone siempre un peeling.

Está contraindicado tomar el sol después de una exfoliación, ya que nuestra piel está más sensible y propensa a la aparición de manchas.

Como esto no siempre es posible (ni lo primero ni lo segundo), deberemos recurrir a las cremas de alta protección solar.

¿Con qué frecuencia se aplican los exfoliantes?

La respuesta es depende. Depende del tipo de piel, y depende también del tipo de exfoliante que utilicemos.

Para una piel seca y fina, un peeling suave una vez por semana sería suficiente.
Para una piel grasa, resistente y gruesa podemos utilizar un exfoliante más fuerte, incluso dos veces por semana.

¿Quién debe aplicar los exfoliantes?

Ya dijimos que algunos exfoliantes químicos de muy altas concentraciones, son de uso exclusivo médico, su pH es tan bajo, que hay que aplicar después un neutralizador para frenar sus efectos en el punto adecuado. Se aplican una o dos veces al año como mucho. Este tipo de peelings no se pueden comprar sin licencia (¡menos mal!).

Para una exfoliación normal, podemos acudir a una cabina de estética, para que un profesional nos asesore sobre lo más adecuado para nosotros. También aquí disponen de cosméticos de uso profesional, con concentraciones, a veces, más elevadas que los productos de venta al público. O también comprar el producto y aplicárnoslo nosotros mismos en casa, siguiendo siempre las instrucciones (¡qué pesada soy!).

Observando nuestra piel, después de unas semanas, podremos saber si los productos y la frecuencia son los adecuados. Y, rectificar si no lo son, que ¡es de sabios!

¡Feliz día y hasta la semana que viene!

Carmen