Santoña, la mar de planes

Un sinfín de planes para aprovechar un rincón marinero lleno de costumbres, tradición y los mejores manjares

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Que recuerdos cuando era pequeña y, en septiembre, mis padres cerraban el bar, el negocio familiar, por un día y papá nos invitaba a comer en Santoña, a la familia y al personal (que eran como de la familia) y más tarde nos llevaba a la ferias…… qué recuerdos tan dulces.

Santoña me encanta pero su gente mucho más. Los santoñeses son fieles a su tierra y guardianes de sus tradiciones pero sobre todo son muy muy divertidos: da gusto verles disfrutar.

Os propongo un plan perfecto: aprovechando que Santoña está celebrando las fiestas en honor a la virgen del puerto, vamos a descubrir los tesoros de esta preciosa villa marinera.

Fuertes de la guerra de la independencia, Mar, Juan de la Cosa, El Monte Buciero, El Faro del Caballo, El Paseo Marítimo, El penal del Dueso, La Lonja, El Puerto, La Playa de Berria, Las Conserveras, Las Marismas y las riquísimas Anchoas… ¿hay quién dé más?

Hablar de Santoña es hablar del mar. Históricamente su puerto ha sido uno de los más importantes de Cantabria, hoy en día es el segundo puerto de la región en cuanto a volumen y valor de la pesca desembarcada. No debemos olvidar que, de este mar, salió el insigne marino Juan de la Cosa, cartógrafo fundamental en el descubrimiento de América y quien dibujo el mapa más antiguo conservado en el que aparece el continente americano, un grande de España que nació en Santoña.

Comenzamos por el puerto donde atracan la flota de barcos pesqueros de todos los colores, donde nos encontraremos las enorme redes, veremos pasar la pesca capturada, nos asomarenos a la lonja, visitamos el centro de interpretación de las marsimas de Santoña, Victoria y Joyel y en este mismo lugar subiremos al mirador de las marismas que tiene forma de barco, que pena que el olor a mar no se pueda fotografiar. Muy cerquita del puerto pasearemos por el barrio que alberga las conserveras de Santoña: este es otro mundo.

Todo empezó a finales del siglo XIX cuando los sicilianos buscaban en esta costa nuevos caladeros de bocartes, el pescado necesario para producir las anchoas, y aunque en principio la idea era capturarlo y exportarlo a Italia, al final los italianos se quedaron fundando las primeras conserveras, tanto que, hoy en día, los apellidos italianos siguen siendo bastante frecuentes en la zona.
Os recomiendo la experiencia de conocer el proceso de elaboración de la anchoa, yo lo he hecho y es muy instructivo y, lo mejor, ¡la cata final! Anchoas Emilia, conservas Catalina y conservas Blasan organizan visitas guiadas, para lo que necesitaréis solicitar cita previa.

Conservera trabajando la anchoa

Salimos del barrio de las conserveras y nos vamos hacia el paseo marítimo. De camino encontramos tiendas donde venden anchoas, bonito, y muchas más cosas: me encanta entrar, fisgar y comprar.

Allí nos ‘topamos’ con el monumento conmemorativo a Juan de la Cosa, el monumento dedicado a Carrero Blanco y, de frente, vemos el puntal de Laredo tan cerca que casi casi lo podemos tocar con la mano y al finalizar el Paseo Marítimo una gran escultura de la Virgen del Puerto que sirve de faro-guía a las embarcaciones en sus entradas y salidas del puerto.

Monumento a Juan de la Cosa

Agrupados en torno al monte Buciero nos encontramos con fortificaciones militares: El Fuerte de San Martín, El Fuerte de San Carlos, y el Fuerte del Mazo o de Napoleón, quien dirigió la construcción de este fuerte en 1812.

En la guerra de la independencia los franceses se hacen fuertes en Santoña, ayudados por la situación geográfica y las construcciones defensivas y se retiraron en 1814, cuando la guerra ya había finalizado, este hecho llevo a denominar a la villa ‘Gibraltar del Cantábrico’.

Ahora reponer fuerzas en cualquiera de los bares, siempre llenos de gente. Qué rico comer un ‘octavillo’ de anchoas directamente de la lata: un manjar. Mejillones al vapor o en salsa del bar La Caraqueña, aunque lo mejor de este bar es el recipiente de plástico que te plantan encima de la mesa para echar las cáscaras. En la zona de bares seguro que me encuentro con Hali, uno de mis becarios favoritos.

Y con el sabor a anchoas y mejillones vamos a visitar la Iglesia de la Virgen del Puerto, fijaos en el retablo flamenco de San Bartolomé, es una joya, El Palacio del Duque de Santoña, El Instituto Marqués de Manzanedo, El Palacio de los Marqueses de Chiloeches, La Casa Palacio de Castañeda y La Plaza de Toros. ¡Ya os avisé que en Santoña hay la mar de cosas!

Llega el momento de las confesiones. Todo lo que cuento en mis post lo he visitado, lo he sentido y, tal cual, lo transmito y dicho ésto no podía escribir sobre Santoña sin mencionar ruta del monte Buciero y faro del Caballo pero esta ruta la tengo en mi lista de cosas pendiente, admito que aún no me he decido porque con lo de las 800 escaleras de bajada y posterior subida no sé si me atreveré pero lo cierto es que todos mis amigos que la han hecho han alucinado.

Y como el post va de mar, vamos a bañarnos en la playa de Berria para después, dirigimos nuestros pasos hasta el hotel Juan de la Cosa, perfecto para desayunar, comer, merendar, cenar o, por supuesto, dormir. Yo lo primero que haré será achuchar a mis amigos Margot Astuy y Felipe Santillana y muy cerquita de aquí, en El Gromo, estará Elina cosiendo, bordando o recolectando.

Playa de Berria

Que no se nos olvide comprar hojaldres y empanadas recién hechas en la confitería Cristina, este sitio me lo enseñó mi querida santoñesa Pilar Argos.

He dejado para el final lo mejor, vamos a salir de la villa bordeando la Reserva Natural de las Marismas. rodeados de belleza podremos ver ‘in situ’ todas las cosas que hemos aprendido en el Centro de Interpretación.

Yo, con vuestro permiso, me quedo un rato más, me quedo en Santoña con la charanga Los Ronceros, disfrutando de las fiestas que son muy muy muy divertidas.

Disfrutad de las pequeñas y grandes cosas

Rosa