¡Así fue el Arenal Sound 2017!

Música, amistad, moda, convivencia... Hoy os cuento todo lo que viví durante una semana de verano

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POR REBECA TRASPADERNE


Mi nombre es Rebeca Traspaderne Badía, tengo 17 años -cumpliré 18 en 3 meses- y hoy me estreno como colaboradora en ‘Cantabria DModa’.  Mi sección tendrá artículos muy variados y hoy he decidido inaugurar mi sección compartiendo con vostros mi experiencia sobre el famoso ‘Arenal Sound’, el festival de música que se celebra cada año en Burriana (Castellón), y al que este año acudí con un grupo de amigos.

El ‘Arenal Sound’ recoge géneros como el Indie Pop, Indie Rock o electrónica y se realiza todos los años desde 2010. Las entradas salen a la venta varios meses antes y varía mucho el precio a medida que se va acercando. Mis amigos, por ejemplo, compraron las entradas en el mes de noviembre por 35€ y yo la compré a mediados de febrero a 44€: a mi me costó un poco más animarme a esta nueva experiencia.

A simple vista, éstas parecen unas vacaciones bastante económicas, pero hay que tener en cuenta otros gastos como el transporte. El festival dispone de buses que salen de múltiples ciudades, los cuales van directos al camping de ‘Arenal Sound’. Compramos los billetes del bus Santander-Burriana/Burriana-Santander por el ‘módico’ precio de 70€.

Al presupuesto debemos sumar el gasto de la entrada del camping y en este caso tienes dos opciones: el camping del festival, cuyo precio es ligeramente más alto o el camping Malvarrosa. Los tickets de ambos salieron a la venta en junio y, en principio, su precio oscilaba entre 5€ y 50€ pero, a medida que las entradas se iban agotando, el precio aumentaba. En nuestro caso, nos tocó pagar esos 50 ‘eurazos’ por la entrada del camping, cosa que nunca entenderemos porque estuvimos sentados frente al ordenador desde una hora antes de que éstas salieran a su venta. Al parecer hubo un colapso en la web y el reparto de precios fue bastante aleatorio pero, bueno, no íbamos a poner la tienda de campaña en la carretera o en la playa así que ¡a pagar tocaba!

Compramos un ticket para el bus sounder por 10€, el cual te llevaba desde el camping -en nuestro caso el de Malvarrosa- hasta el recinto de conciertos. La distancia no era muy grande (unos 15 minutos andando y 3 en bus), pero consideramos que nos sería útil, porque los conciertos terminaban a unas horas indecentes y estaríamos cansados como para volver andando… ¡Craso error! Al final, siempre terminábamos volviendo ‘a pata’ por las largas colas que se formaban en la parada.

A estos últimos gastos hay que añadir el equipamiento con el que intentarás sobrevivir esos salvajes, inhumanos y antihigiénicos 7 días: tienda de campaña, colchón, silla de camping y todo aquello que os podéis imaginar…

Este año, el festival contaba con una magnífica cartelera, llena de grandes artistas. Hubo muchísimos conciertos, evidentemente no pude ir a todos porque además de haber varios escenarios, algunos de los cantantes que quería ver, actuaban a la vez.

Para mí, sin duda alguna, el mejor concierto fue el de Martin Garrix, un DJ que hizo un show realmente espectacular y del que guardo uno de los mejores recuerdos del viaje. Pero no fue el único con el que disfruté: C Tangana, Amaral, Jonas Blue, Nancys Rubias, Las Bistecs, Dulceida, The Tripletz o KSHMR, fueron otros de los increibles espectáculos que pude vivir.

El gran éxito de este tipo de festivales creo que radica en el ambiente mágico y hippie que se crea cuando miles de personas conviven prácticamente en el suelo durante una semana. Lo cierto es que la experiencia es verdaderamente única. Tienes por delante la oportunidad de conocer gente de todas partes de España o fuera de ella y del encuentro te llevas, entre otras muchas cosas, grandes momentos, amigos, muchísimas fotos y conciertos impresionantes.

En este tipo de encuentros descubres que cada uno lo vive de una forma muy distinta. En mi caso, por ejemplo, que me gusta mucho la moda, me ha parecido siempre muy interesante ver cómo la gente famosa y los ‘influencers’ aprovechan una oportunidad así para crear ‘outfits’ más extravagantes: algo que no te pondrías en tu día a día, pero sí para ir al concierto más esperado del verano.

La estética fue uno de los puntos que hizo que me divirtiera mucho con mis amigos. Yo fui apenas sin maquillaje y tuve que pedírselo prestado a mis amigas y vecinas y así creábamos ‘looks’ divertidos para ir a las fiestas y los conciertos. Llevé sobre todo trenzas y purpurina, los verdaderos imprescindibles de éste y cualquier otro festival de verano aunque, lo cierto es que durante el día no necesitábamos más que un bikini y unos shorts, porque hacía tanto calor que pasábamos, gran parte del tiempo, en las duchas comunitarias intentando refrescarnos.

Era ya por la noche cuando abríamos la maleta para arreglarnos más, aunque no era nda fácil porque había que cambiarse dentro de la tienda de campaña a unos 30 grados, sin espejo así que, prácticamente, salías de ahí como si hubieses hecho la maratón de tu vida. Curiosamente, nada de ésto importaba, supongo que ahí está la clave, en el espíritu ‘festivalero’.

Fue una gran semana: noches enteras cantando, saltando, días enteros sin dormir… Con sinceridad os digo que este festival no es para vivirlo, sino para sobrevivirlo, porque no todo el mundo aguanta. Aún así, animo a todo joven lector de ‘Cantabria DModa’ a vivir esta experiencia es, sin duda, un viaje que hay que hacer, al menos, una vez en la vida.