Recordando los lavaderos

Lugares en donde las mujeres, mientras blanqueaban sus coladas, contaban sus vidas y escuchaban la de los demás

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Hoy día en todas las casas hay una lavadora, pero antaño tal electrodoméstico constituyó un sueño al alcance de pocas economías. Durante mucho tiempo fueron primero los ríos (tabla en mano) y después los lavaderos públicos (inicialmente descubiertos y más tarde cubiertos) los lugares en los que el pueblo lavaba la ropa.

Conozco bien esta historia: de ‘chavaluco’ acudí durante años con mi madre al lavadero que había cerca de mi casa, en Torrelavega. Recuerdo, además, que cuando hacía bueno se solía extender parte de la colada en alguno de los prados cercanos para que secara al sol. De la hierba captaba un aroma cien por cien natural. Las sábanas blancas –que, por cierto, en ausencia del suavizante actual tanto crujían- son al respecto paradigma e imagen fija en la memoria.

Los lavaderos, ámbito donde se reunía un mayor número de mujeres a la hora de realizar tan dura tarea, se convertían así en forzosos puntos de encuentro para comentar asuntos de carácter familiar, laboral y… también de cotilleo sobre lo que le ocurría a ‘Fulanito’ con’ Menganita’, a ‘Menganita’ con ‘Fulanito’, etc. En fin: la vida. Siempre tenían ‘ambientillo’

Por razones obvias, acudir en invierno al lavadero era una experiencia muy desagradable. A lo pesado que resultaba a la ida el barreño cargado de ropa, había que añadir lo pesado que resultaba a la vuelta con ella empapada. Cito otros tiempos, sí, pero su huella permanece indeleble entre quienes los vivimos. ¡Como para olvidar aquello!

Otro detalle a subrayar es el del jabón que se empleaba para lavar la ropa en tales recintos. No conocí la época, pero hubo años en los que se elaboraba en plan casero con sosa y grasa (a veces, de la que sobraba en la matanza del cerdo). Los que contemplé fueron de ‘Lagarto’ y ‘Chimbo’, marcas populares entonces, con pastillas de buen tamaño y que duraban bastante.

Quedan aún lavaderos. Algunos adecuadamente rehabilitados (aunque en desuso, salvo contadas excepciones); otros, por desgracia, abandonados. ¡Ah! Y también una de las figuritas del nacimiento doméstico: la lavandera, que lava su ropa, restregándola sobre la tabla, junto al papel de plata o trozo de espejo que simulan el río.

Como demuestran los hechos, siempre resulta útil recordar el pasado para valorar el presente.

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Javier Rodríguez
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido locutor y presentador de programas en Radio Torrelavega, COPE Cantabria y Punto Radio Santander. Desde sus populares emisiones radiofónicas fue el promotor de los monumentos que el Ayuntamiento de Santander erigió en la ciudad al cantante Jorge Sepúlveda y los payasos 'Hermanos Tonetti'. En televisión ha presentado Informativos y programas de entrevistas en Canal 8 DM TV. Escribe artículos de actualidad y la sección “El Mirador” en El Diario Montañés, periódico líder en ventas y difusión en Cantabria. Ha ofrecido diversas conferencias, imparte el curso “Aprender a hablar en público' y es autor de los libros 'Manual para un espectador de circo', 'La televisión y los españoles', 'Risas y lágrimas. Historia de los payasos españoles', 'La paz, un difícil camino. 8 días con el ejército español en Bosnia-Herzegovina', 'El perfume del alma' y 'Lo que el tiempo se llevó'. Además, es profesor de la asignatura 'Habilidades de Comunicación' en el Centro Universitario CESINE, de Santander.