La importancia del vestir

La manera de vestir transmite información sobre cada persona y comunica determinados aspectos de su personalidad

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El estilo de cada uno es una manera más de expresarse y de darse a conocer. Podemos decir por tanto, que es una forma de comunicación no verbal.

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No hay formas de vestir correctas, lo importante es que sea acorde con nuestra forma de pensar y nos haga sentir cómodos con nosotros mismos. No debemos preocuparnos por lo que los demás opinen sobre cómo vestimos… Eso sí, siempre y cuando lo hagamos de acuerdo a las circunstancias.

El vestir, entonces, es sólo otra manera que tenemos de expresarnos y de otorgar o no, a ciertas ocasiones, un mayor grado de importancia. Ahora bien, la tradición a veces hace el trabajo por nosotros indicándonos, a través del protocolo, cuan formal deberíamos ir a determinados eventos.

Es por este tipo de cosas que, a lo largo de nuestras vidas, y de manera mucho más evidente en las rutinas cotidianas, seguimos distintos tipos de ritos y protocolos. Normalmente acudimos de negro a los funerales y casi nunca de blanco a la celebración de un matrimonio; esperamos que los doctores utilicen batas blancas y nos arreglamos un poco más de lo normal para asistir a una entrevista de trabajo.

De igual manera, por ejemplo, si un diputado acudiese al acto en el cual se le va a investir como tal, luciendo un aspecto informal y con apariencia de que ni un peine pasó por su pelo, sería inevitable que se generasen múltiples comentarios al respecto, e incluso alguna que otra persona se mostrase molesta.


“La ropa no significa nada hasta que alguien vive en ella”
Marc Jacobs


 

No es que el valor y la inteligencia de una persona se determinen, de ninguna manera, por cómo se viste y, mucho menos, si tiene buenas o malas intenciones. Una persona puede ser brillante y capaz, pero eso no justifica en ninguna medida que pueda aparecer en ciertas ocasiones formales como si estuviese en un día de campo.

Sé que los más revolucionarios consideran que nunca debería medirse la capacidad laboral de una persona por su atuendo, y estoy de acuerdo con ellos. Pero, como todo en la vida, las cosas no son sólo blanco o negro y creo importante tomar en consideración lo siguiente:

  1. Evidentemente, lo ideal es que hagamos un juicio sobre la capacidad e inteligencia de una persona después de conocerla, de hablar con ella sobre distintos temas y de verla desempeñándose en su trabajo. Sin embargo, siendo honestos, eso rara vez pasa. La primera impresión es inevitable y también implacable y, por lo tanto, muy difícil de cambiar. Querer obviarlo, o creer que no lo hacemos, es ser demasiado ingenuos e implicaría que estamos atacando el problema de la discriminación por cómo nos vemos, de la manera incorrecta.
  2. Hay ciertas situaciones que, por la relevancia que tienen, ya sea por tradición o por la importancia que le dan los anfitriones, sería una falta de respeto insistir en la idea de llegar vestido de cualquier manera. Insisto, aún no conozco a ninguna mujer que decida llegar de blanco a una boda, a menos que esté de antemano concertado con la novia. La pregunta es, ¿por qué eso nos parece tan obvio, pero nos cuesta entender que ciertos ambientes laborales o determinados eventos requieran un cierto grado de formalidad y protocolo?

El llegar bien vestido y, repito, por bien vestido entiendo acorde a la ocasión y al lugar, no significa que seamos más o menos capaces, ni que eso justifique que estemos preocupados por lo verdaderamente importante.

Tampoco significa que seamos la persona más adecuada, por ejemplo, para desempeñar un cargo determinado en una empresa, pues eso se verá con el tiempo, gracias a las ideas que aportemos, por cómo nos relacionemos con los demás, por nuestro nivel de profesionalidad y por un largo etcétera… Pero sí significa que entendemos dónde estamos, la solemnidad de las distintas ocasiones, que estamos atentos y que somos considerados con los anfitriones y con las circunstancias.

Es posible que para algunas personas sea indiferente el modo de vestir, pues no demuestran respeto a través de su atuendo, pero eso no significa que el otro, el que tienen enfrente, no lo sienta como una falta de consideración.