¿Los astronautas usan rímel?

Eso es lo primero que pensé cuando leí en un titular que 'las nuevas máscaras de pestañas se han desarrollado gracias a los descubrimientos en tecnología aeronáutica y espacial'

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Después de leer tal afirmación, seguí leyendo para salir de dudas y descubrí que, para elaborar estos productos, se utilizan materiales ultraligeros, de forma que el rímel no aporte peso a las pestañas naturales y resulte más cómodo de llevar durante horas así que  yo imaginé a un astronauta poniéndose máscara de pestañas antes de colocarse la escafandra

Y es que este producto cosmético se lleva utilizando desde hace siglos, para enmarcar los ojos y embellecer la mirada.


Repasemos un poco la historia

Su origen lo encontramos en el Antiguo Egipto, allí lo usaban hombres y mujeres con fines estéticos pero también terapéuticos ya que protegía los ojos de infecciones y de la luz del sol. Utilizaban una mezcla de agua, kohl (pigmento negro a base de sulfuro de plomo), miel y estiércol de cocodrilo y, con esta ‘plasta’, se maquillaban ojos, pestañas y párpados.

Hasta Grecia y Roma llegaron estas ‘fórmulas magistrales’ que, en la Edad Media, cayeron en desuso porque, en esa época, maquillarse era ‘pecado’.

Con el Renacimiento se recuperó el gusto por la estética, la belleza y el arreglo personal, y se retomaron las prácticas de maquillaje, aunque aún con productos de dudosa tolerancia cutánea (dejémoslo ahí…).

La primera máscara de pestañas no tóxica fue inventada por el perfumista, cosmetólogo y empresario francés Eugène Rimmel a mediados del siglo XIX y, tuvo tanto éxito y popularidad que, en varios idiomas, incluyendo el nuestro, se sigue utilizando la palabra ‘rimmel’ (rímel en castellano), como sinónimo de máscara de pestañas.

Ya en el siglo XX, el químico norteamericano Thomas Lyle Williams, patentó un producto hecho a base de vaselina y polvo de carbón que utilizaba su hermana Maybel para dar brillo y color a sus pestañas. El cosmético funcionó tan bien que al poco tiempo fundó la firma Maybelline (Maybel + vaseline), hace ya más de 100 años (en 1915).

Max Factor, el maquillador de los actores, también mejoró algunas fórmulas de cosméticos que él mismo utilizaba, entre ellas, la de la máscara de pestañas. En 1928
recibió un Óscar de la Academia por crear el primer maquillaje pensado para el cine, que resultaba muy natural ante la cámara.

Pero no fue hasta el año 1957, cuando apareció el rímel tal y como lo conocemos hoy en día: con su envase en forma de tubo y con su gupillón (el cepillito para aplicarlo fácilmente a lo largo de toda la pestaña). Y esta idea se le ocurrió a Helena Rubinstein, la misma que catalogó los diferentes tipos de piel.

Actualmente se sigue investigando para crear máscaras de pestañas aún mejores y los estudios van dirigidos en dos direcciones:

  • El gupillón: para aplicar adecuadamente el producto. Encontramos cepillos estrechos, anchos, curvados, con forma de peine… Las cerdas también pueden ser finas, gruesas, incluso huecas (para que el producto vaya en su interior y se reparta de manera uniforme a lo largo de la pestaña) y de materiales diversos como nylon, silicona… Hay incluso cepillos que incorporan un micro motor para ahorrarnos el movimiento de ‘zigzag’ en la aplicación.
  • El producto en sí: es decir la máscara de pestañas o rímel que va dentro del ‘tubito’. Se utilizan, como ya vimos al principio, materiales ultraligeros, pigmentos, conservantes, microfibras para ‘alargar’ las pestañas, así como ingredientes para nutrirlas y cuidarlas a la vez que las decoramos. Y, todos ellos, testados oftalmológicamente para evitar daños oculares y cumpliendo una legislación específica para los cosméticos destinados a esta zona.

Con las nuevas máscaras de pestañas podemos conseguir colorear, alargar, espesar, curvar, peinar, dar brillo, y, todo ello, cuidando y manteniendo sanas nuestras pestañas.

Para elegir la que mejor se adapta a nuestras necesidades, lo más adecuado es consultar a los profesionales de la estética del establecimiento donde vayamos a comprarla y, también, sobre cómo debemos aplicarla según sea el gupillón. Y, ya de paso, consultar también sobre los cosméticos de limpieza para retirar la máscara.

Como consejo final, yo recomendaría decantarse siempre por una firma conocida, pues son las que nos ofrecen más garantías porque cuentan con laboratorios de prestigio y cumplen con todos los requisitos legales de seguridad. Los ojos son una zona delicada y no debemos arriesgarnos con marcas ‘raras’.

¡Feliz día y hasta dentro de dos semanas!

Carmen Zumel