Los orígenes del champú

¿Sabemos cuáles son mejores para nuestro cabello o de qué están compuestos? hoy os muestro los secretos y mentiras del jabón capilar

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En el artículo de hoy vamos a hablar de los champús. Esos productos cosméticos que nos ayudan a mantener nuestro cabello limpio y cuidado y, como siempre, daremos unas pautas para aprender a elegir el más adecuado para cada cabeza.


¿Cuál es el origen de la palabra ‘champú’?

La palabra proviene del inglés ‘shampoo’, que significaba ‘masajear’ y, a su vez, del ‘hindi champo’, del verbo champa, que significa ‘presionar, amasar los músculos, masajear’.

Tenemos que remontarnos al año 1762 cuando, un inmigrante de la India, abrió un establecimiento en Reino Unido, el ‘Mahomed’s Indian Vapour Baths’, donde los clientes recibían unos ‘baños de shampoo’, que consistían en una especie de masajes capilares terapéuticos.

Pero, ¿cuándo aparece el champú como producto de limpieza?

En el siglo XIX, con Pasteur y sus descubrimientos sobre los microorganismos, volvió la ‘moda’ de lavarse con agua (dejando ‘demodé’ la limpieza en seco de épocas anteriores) y para lavarse la cabeza sin mojar el resto del cuerpo, idearon unos artilugios que se llamaron en inglés shampoo, parecidos a los lavacabezas actuales.

También se empezó a llamar shampoo a los productos limpiadores que se utilizaban para estos servicios. Los peluqueros ingleses hervían jabón en agua y añadían hierbas aromáticas para dar brillo y aroma al cabello.

Hay otra versión que cuenta que fue un peluquero alemán el que inventó el shampoo y, que tras varios experimentos, descubrió una mezcla de polvos de jabón solubles en agua que lograban el efecto deseado.

Pero el champú moderno, tal y como lo conocemos hoy en día, no apareció hasta 1930 cuando, el norteamericano Dr. John H. Breck, desarrolló un producto líquido a base de tensioactivos que se podía aplicar cómodamente en el cabello. Además preparó tres tipos de productos específicos: 

  • Champú para cabello normal.
  • Champú para cabello seco.
  • Champú para cabello graso.

Y todos ellos con un pH controlado y que no fuera tan alcalino como en los jabones tradicionales, aliviando así la irritación y las alergias.

¿Cómo funciona el champú?

Los tensioactivos que contienen los champús, son sustancias que, por su estructura molecular, son capaces de disolverse en sustancias oleosas, como los aceites y, a la vez, en agua, tal y como ya aprendimos en el artículo sobre las aguas micelares.

En el caso del cabello, la suciedad está compuesta sobre todo de grasa y, cuando aplicamos el champú, éste actúa de emulsionante por lo que, esa grasa es emulsionada y arrastrada por el agua dejando así el pelo limpio. Además el champú usa tensioactivos más suaves que los jabones para no eliminar demasiado sebo.

Además de los tensioactivos y el agua, la fórmula de un champú incluye reguladores de la viscosidad, reguladores del pH, principios activos, conservantes, perfumes, colorantes, etc.

¿Cómo elegir nuestro champú?

Para elegir el más adecuado necesitamos conocer nuestro tipo de cabello y nuestro cuero cabelludo (que suele estar en consonancia con nuestro tipo de piel) y también los efectos que queramos conseguir: control de la caspa, regulación de la secreción sebácea, disminución de la irritación, efecto volumen y acondicionamiento, entre otras.

Los champús de tratamiento, para necesidades especiales, normalmente necesitan un tiempo de exposición para que los principios activos puedan penetrar. Si se aclaran rápido serán poco efectivos por lo que es muy importante seguir las instrucciones de uso y respetar los tiempos de aplicación.

Por otro lado, hay proteínas y vitaminas que se incorporan en las fórmulas de los champús que, aunque tuvieramos cinco días el champú untado en la cabeza, no iban a penetrar jamás porque sus moléculas son demasiado grandes.

Así que, en caso de dudas, lo mejor será consultar con un buen ‘champunier’.

¡Feliz día y hasta dentro de dos semanas!

Carmen Zumel