Wendy tras la ventana

Es muy difícil dejar de ser Wendy... la encuentro en la mirada de muchas mujeres... la veo ahí al otro lado de la ventana esperando a Peter

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Anoche fui al cine con mis padres y mi mirada se posó en otra película… la de sus manos entrelazadas! Este año cumplen sus Bodas de Oro. En algún punto se volvieron invisibles y yo vomitaba literalmente amor. Ellos son para mí un cuento hecho realidad. Qué curiosa la vida… la historia está justo ahí en tu día a día, en tu ‘life’ y se vive con absoluta naturalidad cuando lo que es, es único.

Desde muy chiquita tuve una imaginación prodigiosa, sobre todo a la hora de soñar despierta aunque procuraba no cerrar los párpados demasiado tiempo porque necesitaba que el sol me contara que era verdad… pero… prefería refugiarme en mi cuento, Peter Pan. Y no precisamente porque me gustara Peter Pan, los niños descarriados, Campanilla o el Capitán Garfio, no, a mí quien me fascinaba era Wendy. Yo era Wendy, sí, me pedí ser la protagonista del cuento, algo que deberíamos saber defender con arraigo en nuestro
crecimiento, ser la actriz principal de nuestra propia vida. Lo que sucedió es que me quedé a Wendy. La misma que casi muere a manos del pirata y se resigna a cuidar y cuidar, sin compensaciones. Con doce años destetada de Africa empecé a vivir entre bloques de hormigón, nadie me dio a elegir y sobreviví en el entresuelo de mi comunidad contando historias a los niños de mi barrio. Wendy descubre en Nunca Jamás su faceta más madura y asume el cuidado de los Niños Perdidos… se convierte en su madre, yo seguía siendo Wendy. Mi retina aún registra aquellas caritas de las que muchas recuerdo sus nombres, esperando inquietas a que tuvieran ese reconocimiento en mi historia. Se convirtió en el plan de los sábados cuando el telefonillo del portal estaba al rojo vivo y sólo existía un peligro, Paco, el portero, quien siempre nos echaba a escobazos. Mis semanas transcurrían esbozando mini-relatos que cobrarían forma el fin de semana. Ello me hacía sentirme muy Wendy, imprescindible, súper-protectora… todo lo que anhelaba que hicieran conmigo pero la distancia en los años 70 con un continente desconocido, no es la de ahora. El objetivo era que todos regresáramos a casa volando sin polvo de estrellas… eso no lo pude fabricar nunca. Lástima. En las narraciones de Wendy, no había cabida para la tristeza. Fuera!!

Ser así con el paso de los años es una auténtica p… sí, no quiero ser soez en mis renglones, traduzcámoslo en ‘faena’. Ser Wendy se convierte en olvidarse de uno mismo para ocuparse de los demás, sin límites, ni para ella misma, privándoles de su propio crecimiento como personas. Te apoderas de su energía para quedarte sin la tuya y eso no funciona… es dulce un tiempo pero al final se transforma en dilema.

Es muy difícil dejar de ser Wendy… la encuentro en la mirada de muchas mujeres… la veo ahí al otro lado de la ventana esperando a Peter. Finge estar bien pero lo que realmente quiere es volar… y puede hacerlo sola.

¡Vuela Wendy, vuela! ¡Vive tu historia! Entrega tu ‘dedal’ a quien lo merezca y recorre mil aventuras.

Mela Revuelta

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Mela Revuelta
Nací en otoño el año que el hombre pisó por primera vez la luna, en un continente donde la lluvia huele a tierra, donde crecen los baobas del Principito y donde el sol lo tiñe todo de naranja al atardecer. Mi fotografía es personal, recreo historias, busco capturar instantes que desabrochan algo dentro de mi y conectar con la esencia de lo que se encuentra al otro lado de la lente. Adoro el pulso de la vida, reunir, crear, proyectar, compartir... todo cuanto da sentido a nuestro espacio "la nave Q late...". Me llamo Mela.

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