El orden de los factores… ¡sí altera el producto!, parte II

Con la segunda entrega de cómo cuidar nuestra piel, conseguiremos sacar partido a todas nuestras cremas

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En el ‘post’ de la semana pasada vimos el orden correcto para la aplicación de los diferentes productos cosméticos faciales. Y hoy vamos a explicar el por qué de seguir esa secuencia si queremos conseguir la máxima eficacia con su uso.

También vimos que el primer paso a la hora de realizar cualquier tratamiento cosmético, debía ser el de preparar nuestra piel. Ya lo dicen los expertos de Kanebo (prestigiosa firma cosmética japonesa) desde hace más de cien años, que: “Sin limpieza, no hay belleza”. Y es que, resulta imprescindible una higiene adecuada previa, para que los principios activos de los productos que vamos a aplicar puedan actuar.

Una vez que nuestra piel está bien limpia, para determinar el orden de aplicación lo que debemos tener en cuenta es dónde va a ejercer su acción cada producto.

La piel es un órgano que reviste todo nuestro cuerpo. Está formada por tres capas: la epidermis (la más superficial y a su vez constituida por varios estratos, formada por queratinocitos, y también por melanocitos, pero éstos sólo en el estrato más profundo), la dermis (capa intermedia, irrigada y donde los fibroblastos forman las fibras de colágeno, elastina y reticulina), y la hipodermis (o tejido subcutáneo, donde están los adipocitos, con la grasa de reserva). Su función más importante es la de protección, evitando que elementos dañinos (como microorganismos patógenos o agresiones ambientales) dañen nuestra salud.

Pero al mismo tiempo, también permite la entrada de ciertas sustancias (como algunos cosméticos y medicamentos). Por tanto, la piel muestra una ‘permeabilidad selectiva’. Y esta interesante capacidad es la que aprovecha la ciencia cosmética, para que algunos principios activos puedan llegar a niveles muy profundos de nuestra piel y así conseguir crear productos de belleza cada vez más efectivos.

El secreto radica en que cada producto de belleza debe ejercer su acción a diferente profundidad. Y así podemos clasificarlos según su grado de penetración:

– Contactación o adsorción:
Se trata de la forma de actuación de un cosmético a nivel más superficial; cuando el principio activo se queda adherido a la capa más externa de la epidermis (estrato córneo) ejerciendo ahí su acción. Funcionan de esta manera los limpiadores superficiales, los productos de maquillaje, los perfumes, los protectores solares de pantalla física, etc.

– Imbición:
En este caso el producto, además de hacer contacto con la piel ´empapa´ las capas superficiales de la epidermis, llegando a alcanzar los estratos medios de la misma. A este nivel llegan los cosméticos hidratantes, los limpiadores profundos (como un peeling químico), los protectores solares (de filtros químicos), los autobronceadores, los despigmmentantes (que aclaran la melanina de los queratinocitos), etc.

– Penetración:
Este grado de profundidad de actuación ocurre cuando el activo alcanza las células profundas de la epidermis. Ejemplos de cosméticos que actúan a estos niveles serían los peelings médicos, los antimanchas (que inhiben el funcionamiento de los melanocitos), los antitranspirantes, etc.

– Absorción:
Cuando se llega a este grado de penetración, el principio activo llega a la dermis, y como en ésta capa ya existe irrigación, puede pasar el torrente sanguíneo o linfático. Los cosméticos antiarrugas, antiflacidez, antiestrías, deben llegar hasta aquí para poder estimular al fibroblasto y que fabrique más fibras tensoras. Y, qué decir de los cosméticos reductores, anticelulíticos, ´antipieldenaranja´,… todos éstos deberían llegar hasta la hipodermis, para ayudar a los adipocitos a eliminar el exceso de grasa (por eso aconsejamos en otro artículo que estos productos no se utilicen por la noche, pues muchos llevan cafeína, y, al pasar al torrente sanguíneo nos pueden alterar el sueño).

Y una vez que sabemos ésto, llega el momento de aplicar el sentido común. Utilizaremos primero los cosméticos que queramos que lleguen a niveles más profundos de nuestra piel, luego los de niveles intermedios, y, por lógica, acabaremos con los productos que deben ejercer su acción a nivel superficial.

Es decir, el orden de aplicación vendrá determinado por la profundidad a la que vaya a actuar cada producto cosmético.

Y por eso, como vimos en el artículo anterior, aplicaremos primero el suero, y después la crema hidratante.

Además, los productos cosméticos, en función de la zona de la piel (más o menos profunda) a la que vayan dirigidos, deberán tener unas características u otras. Es decir, la estructura molecular de los productos que deben quedarse en la superficie de la epidermis, será diferente a los que deben penetrar o absorberse. Pero esto ya sería objeto de otro estudio pero ¡para un próximo artículo!.

¡Feliz día y hasta la semana que viene!

Carmen Zumel

1 Comentario

  1. Cómo siempre, un artículo interesante y con información detallada. Enhorabuena Carmen.

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