“Tenemos que dejar de ser egoístas y de decir eso de ‘yo no salgo bien en las fotos'”

De padre cántabro y madre mexicana, la fotógrafa Martha Bravo vive a caballo entre Chicago, Miami y Panamá, donde se convertido en una cotizada artista, la preferida por la jet-set americana para retratar sus instantes familiares y personales más íntimos

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“Siento que me falta mucho por hacer y que hay tanto que puedo dar, y quizá no haya tanto tiempo, y eso, en ocasiones, me agobia un poco”


Martha Bravo, junto a su esposo Óscar Bravo y sus hijos Ana Paula y Santiago


 

Corría el año 1953, cuando el joven torrelaveguense, José Luis Moreno, emprendió el viaje que iba a cambiar su vida, uno que le llevaría hasta México, donde se estableció y creó una familia, que nunca olvidó sus raíces montañesas. Él era el padre de Martha, hijo, a su vez, de Francisco Moreno, (‘Paco, el de la cope’, la cooperativa de Solvay de la que estaba encargado), y de doña Luz Santamera.

Francisco Moreno y doña Luz Santamera, abuelos paternos de Martha Bravo, el día de su boda

 

Su madre fue la mexicana, Martha Cabrera y Silva, hija del ilustre ingeniero civil, Rafael Cabrera, y de Ana María Silva. Algunas de las principales carreteras del norte del país y de la frontera con Estados Unidos fueron proyectadas por el abuelo de Martha, cuya constructora (‘Construcciones América’) realizó también otras muchas obras civiles para el Gobierno de México de la época.

Martha Bravo junto a sus padres, José Luis Moreno y Martha Cabrera, y sus hermanos José Luis y Karla

 


“Siempre fuimos una familia muy unida. Siento que mi corazón está en muchos lugares diferentes y yo quiero estar en todos ellos. Me considero ciudadana del mundo, porque me he mudado tanto y tengo gente tan querida en tantos lugares, que en cada lugar en el que estoy voy dejando un pedacito de mi corazón. Y la melancolía que siento, a veces, quizá sea por las ganas de querer juntar todo en uno y poder tenerlo todo, aunque eso no se puede”.


Con esta herencia genética, Martha se mueve bajo el signo del emprendimiento, del que ha hecho su bandera tanto en su México natal como en Estados Unidos y en Latinoamérica. Actualmente reside en Chicago, junto a su marido Óscar Bravo y sus dos hijos Ana Paula y Santiago, aunque por motivos profesionales pasa largas temporadas en Panamá, los mismos que anteriormente la radicaron en Miami, donde creó su primer estudio fotográfico. Y fue también en Miami donde trabajó durante varios años para Univisión, la cadena de televisión estadounidense en español, con su esposo, un empresario y productor de origen tejano.

Dotada de una increíble fuerza sensorial, esta fotógrafa de emociones ha convertido su pasión en su forma de vida para poder capturar así la esencia de los momentos más importantes. Y es por esta capacidad precisamente por la que sus trabajos alcanzan tanta fama y por la que sus clientes esperan meses, la mayoría de ellos pertenecientes a las altas esferas de la sociedad americana. Políticos, empresarios y artistas, cuyos nombres no podemos desvelar, porque sus sesiones se desarrollan siempre bajo una estricta confidencialidad.

fotografía de una sesión familiar de Martha Bravo

 

Lo que sí vamos a desvelar en esta entrevista exclusiva para Cantabria DModa, el Canal de Tendencias de El Diario Montañés, es la fascinante historia de una mujer fuerte y enérgica, y la de una artista humana y comprometida que, por primera vez, nos cuenta lo que ve detrás de su cámara, con la que incentiva su curiosidad y oculta su frágil sensibilidad. Y es que, cuando se lo planteamos, Martha no lo dudó ni un momento. Sabíamos que jugábamos con ventaja y así nos lo confesó: “amo entrañablemente España y Cantabria, la tierra de mi papá”.

Martha Bravo y su hija Ana Paula Bravo vestidas de ‘montañesucas’

Y, lo mejor de todo, es que vamos a tener la oportunidad de compartir con ella personalmente todo esto y mucho más, pues, en los próximos días, visitará su querida Cantabria, después casi 20 años de ausencia y la añoranza de los recuerdos de su infancia y adolescencia en la ‘tierruca’, junto a sus amigas Mati, Inma, Susi o Inés. Y aprovecharemos también su estancia para disfrutar de su arte, que veremos reflejado en un editorial de estilos de vida para ‘Cantabria DModa’, y participar en varios eventos, de los que os mantendremos informados.

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– ¿Qué representa para ti la fotografía?
– Para mí, la fotografía no solo es una forma de expresarme, sino también una forma de enseñar a los demás lo que, muchas veces, no pueden ver o no quieren ver.

– ¿A qué te refieres con esto? Explícanos…
– Yo, en mis sesiones, siempre insisto en que la gente esté en las fotos, porque yo creo que tenemos existir en las fotos para la gente que nos quiere. A veces, somos demasiado críticos con nosotros mismos y no queremos salir en una foto, porque siempre vemos nuestros defectos, pero, en realidad, somos incapaces de ver lo que los demás perciben en nosotros. Por ejemplo, nuestros hijos no ven una señora que tiene más arrugas o que ha subido de peso, sino que ven a la persona que les cuida y les quiere, así como sucede a la inversa con los padres respecto a los hijos.

Para mí es muy importante enseñar a la gente cómo la ven los demás para tratar de romper esta idea y que dejen de verse con este ojo crítico, y aprendan a quererse como son y a ver como son para la gente que les quiere.

– ¿Y por qué crees que somos tan críticos?
– Pues, fíjate, que no lo sé. Yo creo que es un defecto de todos los seres humanos, porque vemos siempre lo peor de nosotros mismos y no lo mejor. También ves partes que nunca ves.

– ¿Y no crees que el photoshop es el mejor antídoto para esto?
– Yo tengo una filosofía del photoshop que siempre se la digo a mis clientes. Y es que yo trato que mis fotos salgan de mi cámara lo más perfectas posibles, lo que no significa que no las retoque, ¡claro que sí!, porque hay errores en el posado o con la ropa, y esas cosas las corrijo. Lo que tengo claro que es que, si hay cosas que son tuyas por más de quince días, yo te las voy a dejar. Y aprende a vivir con ello, es tuyo y quiérelo. La idea es que sea un retrato tuyo y que seas tú plasmado en una fotografía, no alguien que quisieras ser.

– Hablando de esto, cuéntanos qué hace Martha Bravo
– Martha es una persona que le gusta contar historias y que le gusta enseñar a la gente lo que ve a través de su lente. Yo creo que todas las personas son hermosas y también creo que no hay malos modelos, sino malos fotógrafos, porque todos tenemos un buen ángulo y todo el mundo tiene algo bello que mostrar, la clave está en saberlo mostrar.

– ¿Cómo preparas una sesión fotográfica?
– A mí, me gusta conocer a la gente antes de retratarla; sentarme a hablar con ella para entender quiénes son y para saber cómo hacer después. Por ejemplo, las mujeres siempre dicen inmediatamente lo que no les gusta de ellas mismas y todas te lo sueltan. Los hombres no, lo saben, pero nunca te lo dicen.

– ¿Y esto no ha cambiado con el paso de los años?
– No, básicamente no. Los hombres son mucho más herméticos y no te dicen, de entrada, lo que no les gusta, mientras que las mujeres lo expresan más fácilmente. Y, en todo caso, los hombres te hablan de los defectos a posteriori, cuando ven las fotos.

– ¿Te consideras una buena psicóloga en este sentido?
– Puede ser. Yo creo que tienes que tener algo de psicólogo para ser un buen fotógrafo, porque, a fin de cuentas, estás capturando la esencia de la gente y es, precisamente eso, lo que quieres mostrar, así que necesitas conocer a la gente.

– ¿Se trata entonces de fotografía psicológica y emocional?
– La fotografía es un momento capturado en el tiempo, por eso, yo siempre le digo a la gente -sobre todo, cuando es reacia a las fotos- que salga, porque quizá dentro de 10 años esta fotografía tiene otro valor. Y esto lo he comprobado en muchas ocasiones con clientes que, por ejemplo, han perdido a un ser querido. Esto ahora ha cambiado bastante con los móviles y con los selfies, porque la gente está retratándose continuamente y todo el mundo juega a ser fotógrafo.

– ¿Insistes en que hay salir en las fotos?
– Sí, porque yo creo que es muy importante que todo el mundo exista en fotos y no solo para ti, sino también para tus seres queridos. Y esto me sucede también con las mujeres que acaban de tener un hijo, que no quieren salir en las fotos -y es comprensible, porque no se ven bien-, lo que ocurre es que, después el tiempo pasa, y lo ves de otro modo. Tenemos que dejar de ser egoístas y de decir eso de “yo no salgo bien en las fotos”, y salir.

– ¿Tú te has especializado en este tipo de fotografías?
– En retrato, principalmente, y no es que esté especializada, porque a mí me encanta la fotografía en general y creo que un buen fotógrafo es capaz de hacer cualquier tipo de cosa, pero lo mío es la gente, hablar con las personas y saber lo que les gusta… Yo tengo un eslogan que utilizo siempre para este tipo de fotografía y, sobre todo, para la fotografía de mujeres, que es ‘todas las mujeres somos hermosas, déjame enseñarte, yo te enseño’.

– ‘Fotografía de mujeres’, cuéntanos…
– Sí, esta es la filosofía cuando hago fotografía boudoir -fotografía en lencería-, en la que muestro mujeres normales. Me gusta mucho, porque les enseñas actitudes que nunca ven de ellas mismas y que, sin embargo, su pareja sí percibe, así que es muy interesante ver las caras que ponen, cuando les entrego las fotos. Y los retoques siempre están en el límite de lo normal, porque hay muchas formas de hacer que la gente se ve bien, siendo ella misma. Tengo muchas anécdotas en este sentido, incluso algunas protagonizadas por los maridos, que me dijeron que esa no era su mujer. A mí, a ellas me gusta siempre decirles: “esta eres tú”.

Fotomontaje de fotografías boudoir de mujeres reales

– ¿Qué le pasa a la gente con su imagen?
– Las reacciones son muy diferentes. Hay gente a la que le encanta lo que ve y gente a la que no. Y yo te puedo quitar ciertas cosas, lo que tienes que aprender a vivir contigo mismo y con lo que eres para tener la capacidad de verte bien en una fotografía. Tienes que aprender a quererte, eso es todo, y el problema es que la mayoría de las personas son tan inseguras que creen que todo el mundo va por la vida fijándose en nuestros defectos, y no es así. La gente que te quiere no ve tus defectos, ve lo que significas para ellos, y esto va mucho más allá de lo físico, porque representa lo que sienten contigo y como les haces sentirse.

– ¿Cómo se hace una fotógrafa como tú?
– Con mucho estudio. Soy consciente de que hoy la fotografía está muy devaluada, porque cualquiera cree que es fotógrafo, y esto me parece muy triste. Yo comencé cuando la fotografía no era digital y no cualquiera era fotógrafo, así que, hoy más que nunca, tienes que prepararte y actualizarte tecnológicamente, pero sin perder tu esencia.

– Cuéntanos cómo fue este proceso.
– Yo, que soy muy perfeccionista, al principio quería lograr perfecciones técnicas. Entonces, empecé a estudiar mucho para controlar todos estos procesos técnicos y llegó un momento en el que me di cuenta que estaba dejando de lado el alma de las fotos, y había fotos muy buenas, pero que no me decían nada. En este punto, fue cuando llegué a la conclusión de que una foto que no comunica o que no tiene alma, aunque sea técnicamente perfecta, no sirve de nada.

Yo creo que la mayoría de los fotógrafos pasamos por este proceso y buscamos el aplauso de los colegas, con el tema de la luz y todo lo demás… La foto es un medio de comunicación y la forma que tiene un artista de trasmitir la realidad, además de un reflejo de la esencia y del alma de los demás.

– Y cuéntanos ahora la historia de Martha Bravo.
– Mi padre, que nació en Torrelavega y emigró a México con apenas 16 años, era un amante de la fotografía, así que siempre ha formado parte de mi vida. Él llegó, como se dice, con una mano delante y con otra detrás, primero a Veracruz -allí empezó a trabajar- y ya después se mudó a Ciudad de México, donde conoció a mi mamá. Mi madre pertenecía a una familia muy tradicional -de esas de apellido y de abolengo- de la sociedad mexicana, así que para mi padre fue complicado entrar en este círculo, porque lo único que tenía eran sus ganas de trabajar y de salir adelante.

Mis padres, sin embargo, estaban conectados a otro nivel y lucharon mucho para que mis abuelos aceptaran su relación. Y la verdad es que, hasta el día en que murieron, les veías y parecían novios, tenían una relación hermosísima. Finalmente, se casaron, nació mi hermano mayor, José Luis, después yo, y luego mi hermana menor, Karla.

– ¿Fue entonces tu padre quien te transmitió la pasión por la fotografía?
– Sí, a él le encantaba, aunque no sabía nada de fotografía, así que yo, desde muy niña, me identifiqué con esto. Por ejemplo, él se compraba una cámara y me compraba otra a mí. Tú ves fotos mías de pequeña y siempre tengo colgada una cámara y estoy tomándole fotos a mis muñecos. Yo que soy físicamente la menos parecida a mi padre, porque soy más de la parte materna -a diferencia de mis hermanos-, pero de forma de ser, yo soy la que más me parezco a mi padre. Y empiezo a aprender con él, por ejemplo de aquellas fotos tipo panorámicas tan chistosas que hacía (risas).

Y, cuando cumplo 16 años, me regalan mi primera cámara grande -de verdad- y enloquezco. Esta cámara la conservo actualmente. Entonces, la fotografía era un hobby muy caro, porque había que comprar carretes, revelarlos químicamente y todo lo demás, así que comienzo a trabajar en la papelería de mi padre, a cambio de carretes y revelados, que es como me pagaba. Y yo lo que había era colocar, alfabéticamente, los pedidos. Yo estaba encantada y tenía amigas a las que también les gustaba la fotografía.

– ¿Qué estudiaste?
– Cuando me graduó de la preparatoria, entro en la universidad y, como lo que yo quería es ser actriz, porque lo que me gusta es contar historias, hice cine. Estudié Ciencias de la Comunicación en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México y me especialicé en cine en la Escuela de Cine, al mismo tiempo que iba a Escuela de Fotografía. Me gustaba mucho la fotografía cinematográfica, así como el cine documental -por lo de contar historias-. Y, cuando me iba a ir a Estados Unidos a hacer una maestría en cine, conozco al que hoy en mi marido -Óscar Bravo, mi apellido de soltera es Moreno- y decido quedarme en México.

– ¿Y qué pasó después…?
– Nos casamos y los dos trabajábamos en la televisión, y la fotografía seguía siendo mi hobby. Y, cuando nace mi segundo hijo -ya vivíamos en Estados Unidos-, dejé de trabajar y decidí centrarme en la fotografía. Fue mi marido, que tiene una mente más racional, quien me animó a abrir mi primer estudio de fotografía en Miami. Comencé entonces a profundizar y a rodearme de mentores, y a ‘reaprender’ todo el tema de fotografía digital, porque yo me había formado en la técnica analógica. Yo no soy buena pintando, pero sí lo soy imaginando, y esto lo he conseguido con la fotografía digital.

Y la inmediatez de lo digital me encantó. Me ponía retos para crecer y así aprendí a ser más selectiva con lo técnico, y fue cuando abandoné el corazón de la fotografía por esa obsesión técnica, hasta que después incorporé esa alma tan importante, que te decía antes. La fotografía es un continuo explorar y aprender, y un reto para tratar de mejorar y ser una versión mejor de mí misma.

– ¿Qué expectativas tienes?
– Para mí la foto no solo es mi trabajo, también es mi pasión y mi hobby, porque me gusta documentar la vida y hacer fotos de todo. Y, por ejemplo, me encantaría ser corresponsal de guerra, pero está claro que mis circunstancias personales y familiares son prioritarias, aunque ellos me apoyan al 100% en lo que hago y estoy segura de que me apoyarían en cualquier cosa que quisiera hacer.

– ¿Cómo eres personalmente?
– Una persona muy sensible y muy empática. También soy muy cariñosa, me gusta tocar a la gente y tener contacto las personas. Soy perfeccionista y muy comunicativa -muy habladora dirían mis hijos- (risas). Creo que soy buena amiga y buena madre, en la medida de mis posibilidades, porque soy una mamá dedicada a mis hijos. Llevo 21 años casada, así que debo ser buena esposa (risas).

Mi marido es una parte muy importante de mi vida, además de mi amigo, mi manager, mi administrador, es el padre de mis hijos y un hombre muy paciente, muy educado, muy caballeroso y también muy apoyador -me apoya mucho-. Este proyecto fotográfico y la marca Martha Bravo, que hemos creado con mucho esfuerzo y mucho trabajo a lo largo de los últimos años, no sería lo que es si es lo estuviera él detrás, porque yo solo tomo fotos, él hace todo lo demás y que la magia suceda.

– ¿Qué es lo más importante para ti?
– Lo más importante es para mí es seguir creciendo como persona y como artista para cada día tratar de ser mejor que el día anterior. Todos los días estudio algo nuevo, que no he hecho antes y que creo que no sé, así que investigo y me documento porque necesito estar en movimiento y no estancarme.

Para mí es fundamental innovar y salir de mi zona de confort, por eso tengo mi línea de arte y de stock, porque ahí es donde soy libre totalmente para crear, a diferencia de lo que pasa cuando trabajas en fotografía comercial que tienes una agencia de publicidad y una maquinaria detrás, y que tú solo eres el ejecutor de una idea, que es necesariamente la tuya, o que no es tu visión. En cuanto a los retratos, tengo una línea y un estilo que la gente reconoce, y por eso me buscan los clientes: la experiencia. Yo pienso que la gente se acuerda no de ti, sino de cómo la hiciste sentir.

– ¿Cómo es tu relación con la moda?
– Me encanta. Me gusta mucho la moda y me gusta mucho ver moda, aunque no soy una persona que gaste mucho en moda, porque gasto en fotografía. Soy una mujer que aprecio los buenos zapatos, bolsos o las joyas, soy muy fácil en este sentido, pero le doy prioridad a un buen objetivo.

Por otro lado y, respecto a la fotografía de moda, creo que en el mundo de la moda, en ocasiones, nos olvidamos de que la modelo es una persona y que también tiene que expresar y complementar la ropa, porque, si el fotógrafo no sabe humanizar ese vestido, no estás dignificando el trabajo del diseñador. Siempre hay que humanizar lo que se fotografía.

– ¿Y con las redes sociales?
– Soy muy activa en las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, que estoy aprendiendo ahora) y estoy muy metida también porque están mis hijos, y quiero saber lo que están haciendo y lo que son en el mundo virtual, pues creo que todos tenemos una personalidad virtual diferente de la que somos realmente.

– ¿En qué punto te encuentras actualmente?
– Siento que estoy en un momento de cambio creativo, explorando cosas nuevas y dándome la oportunidad de hacer lo que antes no había hecho, como es el caso de la fotografía astronómica, que me interesa mucho, aunque todavía no he descubierto para qué… Y es que a mí no me gusta decir si esto me gusta o no, sino lo he intentado hacer. Ahora mismo, estoy en una búsqueda creativa y, aunque estoy plena en cuanto a mi estilo fotográfico de retrato, siento que hay una parte artística y creativa personal sobre la que todavía tengo que seguir rascando y explorando para saber a dónde me lleva.

– ¿Y crees que esa búsqueda te va a llevar a otros ámbitos creativos?
– La verdad es que he intentado hacer otras cosas, pero siempre regreso a la cámara. Te voy a contar algo: cuando mi mamá murió me peleé con la fotografía, guardé todo y me dije “hasta aquí, no quiero hacer nada más”. Para mí, estar detrás de la cámara me hace sentir cosas que no veo con los ojos -no sé si me explico, porque son cosas que no veo normalmente-, así que me empezó a dar miedo. Fue algo muy raro, por eso dejé la cámara.

Y, a los ocho meses, Óscar, que me conoce muy bien, comenzó a regalarme accesorios nuevos y ahí estaban… Y, poco a poco, comencé a retomarlo. La cámara siempre ha sido mi ayuda para salir de las depresiones. Imagínate que mi hija, cuando era pequeña, me pidió un día que le dejara la cámara para saber cómo veía la vida, porque decía que yo siempre estaba ahí detrás y quería saber porqué. Y, en este sentido, mi hijo, Santiago, que tiene 15 años ha heredado esto, es más artista, y mi hija es más humanista. Ana Paula tiene 18 años y está estudiando Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Drake en Estados Unidos.

– ¿Y tus hobbies?
– La fotografía es mi pasión, ¡qué aburrido…! ¿Verdad? (risas). Ahora en serio, me apasiona la gente, me gusta hablar con las personas, conocerlas y saber quiénes son y qué hacen, y el medio es la foto, y la cámara me ha llevado a esto. La foto para mí es un medio de relacionarme con la gente y de conocerla. Yo me relaciono con la gente por medio de mi cámara. Esto para mí es muy importante y muy bonito, me parece mágico poderle enseñar a la gente lo que veo y lo que los demás ven de ellos.

Cuando lo hago, me transformo, porque cuando estoy tomando fotos soy otra persona diferente a la que soy normalmente, y hago lo que tenga que hacer -incluso hasta saltar si es necesario- para poder capturar esa alma de las personas o ese brillo en sus ojos cuando me contaron lo que les emocionaba, porque es muy difícil sacar esa sinceridad cuando te ponen una cámara delante. Yo me di cuenta de lo ridícula que puedo llegar a ser en estos momentos, cuando en una ocasión en la que estaba procesando las fotos de una sesión familiar me fije en que el perro me miraba extrañadísimo, como diciéndose qué hace esta mujer (risas). Fue divertidísimo.

Agradecimientos: fotografías de Martha Bravo

 

2 Comentarios

  1. Felicitaciones Jose Luis por esa super e interesante entrevista a Martha, q ha relatado su historia plasmada en fotos, muy linda y espero se culmine con exitos en su querida Cantabria..
    Saludos a los dos con mucho cariño
    Gaby

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