Colormanía VII: Violeta

El violeta inunda la primavera y el verano transmitiéndonos sus infinitos significados

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Fotografías: cortesía de Vogue. De izq. a dcha.: Nicopanda, Peter Piloto, Emporio Armani, Nina Ricci y John Galliano.

La frescura se entrelaza con la lobreguez en un color, para la mayoría, agridulce. Se trata de un tono prácticamente ausente en la naturaleza del que sólo atisbamos ciertas expresiones con la aparición de las primeras flores. Este carácter espectral le hace convertirse en un color fantasioso que ha sido empleado en diversas ocasiones como emblema de pensamiento y creencias y que por ello ha estado ligado ávidamente a su simbología.

Lo llaman lila, púrpura, violeta, morado, pero con cualquiera de sus apelativos nos atenemos a un color que ha ido unido al poder y a la iglesia desde tiempos remotos. La razón, como posiblemente deduciréis, yace en la laboriosa obtención del pigmento homónimo, pues éste provenía de la reducción del líquido producido por la mucosidad de unos moluscos. Así, se necesitaban millones de moluscos para producir más que una ínfima cantidad. La curiosidad que a mi más me asombra reside en la sucesión de colores que adopta el tejido al ser impregnado en este tinte: vira del verde al rojo para finalmente emerger en su más preciado púrpura.

Si bien las connotaciones más agresivas ligadas a la potestad y a lo religioso han persistido durante la Historia, en los dos últimos siglos el morado a tornado a tintes mucho más progresistas. El feminismo se abanderó, con las primeras sufragistas, de la oleada morada que hoy en día seguimos vistiendo inundando las calles el 8M. Y el movimiento homosexual se baña también de este color acompañado de su archiconocido arcoíris, que por cierto, lo adoptaron tras fallecer Judy Garland en homenaje a ella como icono y a su ‘Somewhere over the rainbow’.

Sin duda, las próximas cálidas estaciones van a verse empapadas de tonos violáceos, desde los más claros y pasteles a los más oscuros e intensos que no van a dejar pasar desapercibido a quien los luzca, pues la personalidad y fuerza que transmiten penetra las miradas.

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