Carmen Armengou, la coreógrafa cántabra que ha enseñado a bailar a los actores de Star Wars

La bailarina fue fichada por el director Terry Gilliam para hacer mover el esqueleto de Adam Driver y la actriz portuguesa Joana Ribeiro en 'El hombre que mató a Don Quijote'

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El paralelismo entre la dureza del baile y el rodaje de ‘El hombre que mató a Don Quijote’ se antoja como la aparición de un chiste necesario. Algo así como la construcción del AVE para nuestra querida región. Una utopía irrefrenable. En este caso (creo que nunca sabremos el otro desenlace) la película pasó por siete grandes vicisitudes diferentes antes de su más que esperadísimo estreno.

El director Terry Gilliam y coreógrafa y bailarina cántabra Carmen Armengou.
El director Terry Gilliam y coreógrafa y bailarina cántabra Carmen Armengou.

El rodaje, que comenzó en Navarra allá por el 2000, conllevó una inundación que destruyó el equipo de grabación, la retirada del reparto por enfermedad del actor francés Jean Rochefort y multitud de problemas que llevaron a crearhasta un documental paralelo contando la ‘maldita película’. Prometemos que nada tuvo que ver la explosiva pareja formada por Johnny Depp y Vanessa Paradis, contratados inicialmente como protagonistas (y por tanto indispensables) que se acabaron cayendo del reparto final. Jonathan Pryce, Robert Duvall o Stellan Skarsgård y los españoles Óscar Jaenada y Jordi Mollá forman parte del actual elenco.

El film trata sobre la historia de un anciano engañado convencido de que es Don Quijote y que confunde a Toby, un ejecutivo publicitario, con su fiel escudero, Sancho Panza. La pareja se embarca en un viaje extraño, con saltos hacia atrás y adelante en el tiempo, entre el siglo XXI y el siglo XVII. Poco a poco, Toby, como el famoso caballero, se va contagiando de ese mundo ilusorio incapaz de separar sueño y realidad.

Sólo gracias al hinco e ilusión de su famoso director Terry Gilliam, que paradojas del destino fue uno de los seis integrantes del grupo humorístico Monty Python,salió adelante esta quimera que parecía inrodable. Pero, el británico actor y director supo cómo jugar sus cartas al empeñarse en contar con una cántabra de ‘pro’.

Carmen Armengou, santanderina de familia de artistas (su hermano Chema Armengou es un conocido productor de música electrónica y DJ), regenta la escuela decana en Cantabria en baile que comenzó su madre, la profesora Maribel Armengou, hace la friolera de 63 años.

La licenciada en Pedagogía de la Danza con máximas calificaciones en Madrid fue fichada por el ‘loco’ director para hacer mover el esqueleto de Adam Driver (sí, el de Star Wars y Girls) y con la actriz y modelo portuguesa Joana Ribeiro (famosa en el país vecino y amigo) y que le ha llevado a protagonizar la portada de GQ en el pasado abril.

La actriz y modelo portuguesa Joana Ribeiro ha sido una de las alumnas de Carmen Armengou en 'El hombre que mató a Don Quijote'.
La actriz y modelo portuguesa Joana Ribeiro ha sido una de las alumnas de Carmen Armengou en ‘El hombre que mató a Don Quijote’.

Nuestra bailarina/docente santanderina llevaba aquí ocho años dando clase tan tranquila, preparando funciones de todo tipo cuando de repente apareció esta oportunidad de trabajar como coreógrafa del mismísimo Adam Driver y dirigida por Terry Guillian.

A lo largo de la carrera (como bailarín) tienes momentos duros pero, muchos muy brillantes también”, afirma entusiasta para Cantabria DModa. “Enfocas, planteas objetivo y si tienes la suerte de trabajártelo bien pues las oportunidades aparecen”, comenta una serena Armengou conocedora de su profesionalidad forjada en décadas, sudor y viajes lejos de su amada tierruca.

Fue la productora Tornasol Films la que contactó primero y la encargada de la coproducción, en este caso, repartida entre Reino Unido, España, Francia, Portugal y Bélgica.

-¿Un requisito indispensable?
-Fue importante hablar inglés. Los ensayos surgieron fluidos y como un trabajo interesante porque era otra manera de coreografiar. Enseñé a los actores a moverse. Joana Ribeiro debía contonear bien los brazos, que tuviera una pequeña coreografía. Que se viera ese aire español. Actuaron extras como Carmela Greco y Diego Llori, considerados personalidades en el mundo del baile.

Totalmente inconsciente que las legiones de fans de Adam y Joana serían capaces de serrar sus piernas si así pudieran tocar a sus ídolos, afirma que trabajar con dos estrellas de la talla de Adam Driver y Joana Ribeiro, dos de los protagonistas, fue ‘fácil’:

“Adam es encantador, en el rodaje charlábamos sobre la vida y se interesó mucho sobre mi trayectoria: de donde venía, que había hecho. Le hablaba de mi trabajo en la compañía Riverdance, que en América lleva 20 años girando por todo Estados Unidos. Fue un artista de pies a cabeza, tocaba el piano por lo que tenía muy buen oído. Fue un verdadero placer trabajar junto a él. Su forma de ser era una mezcla entre lo agradable y la concentración”“Era cercano ya que entendía el trabajo que estaba realizando como coreógrafa. No necesitaba horas de trabajo extra debido a que fluía bastante bien. Me pareció un actor completo, apasionado y muy comprometido con su trabajo. En definitiva, entregado a ello y a la persona que dirigía de la película. Fue todo un lujo”. Con Joana trabajé a fondo porque tenía más escenas de baile. Todo se concentraba en una ‘dura rutina’ de trabajo, ensayo y rodaje”. La portuguesa “se movió más y tuvo una coreografía con Adam que era danza española. Actuó en una parte con más movimiento grácil de brazos, cuerpo…”

La profesora de baile desgrana su acción en el rodaje con la actriz: Trabajamos mucho el torso y los brazos, la base técnica y la danza española. Los movimientos de brazos, secuencias, el zapateado, que se introducía en una secuencia ya unida. Secuencias de movimientos que iban con un trabajo previo para poder ir jugando con ellos. No tienen pasos concretos. Movimiento técnico de brazos y pies, el uso de la falda para llevar la danza española y el flamenco lo mejor posible. Los giros”.

Uno de los momentos del rodaje. A la derecha, la cántabra Carmen Armengou.
Uno de los momentos del rodaje. A la derecha, la cántabra Carmen Armengou.

El directorTerry Guillian era apasionante y cada día venía con una idea nueva y refrescante que requería la reorganización de todo el equipo por lo que esa concentración era más que necesaria. Arte, guión, coreografía. El director se involucraba en todo y Adam estaba muy concentrado en hacerlo bien y en su trabajo como actor. Las escenas saltaron del Monasterio de Piedra en Zaragoza a Tomar en Portugal. Los rodajes duraban seis horas de noche hasta que amanecía”.

La experiencia más novedosa para la coreógrafa fue trabajar el movimiento sin tener la banda sonora: “Fue todo un reto”. A pesar de las complicaciones que se encuentran en cada rodaje, el director estaba abierto a las propuestas y “todo lo que le proponían le parecía genial”. “Y es que nos doblaba en energía a todos con sus 76 años. Por muy cansados que estuviéramos había que hacerlo aunque lleváramos 12 horas trabajando. A él siempre se le ocurría alguna cosa. Vivía en un estado de emoción continua. Terry era el verdadero Quijote. Siempre encantado de poder filmar, por fin, la película. Ilusionado con una vasta capacidad creativa unida a una imaginación de un niño. Vivía por este proyecto. Las ganas y esa ilusión se veían en él y confiaba en su producción para que llegara a buen puerto. Te transmitía seguridad, ganas e ilusión y mucha energía para llevarlo adelante”, confiesa Armengou a Cantabria DModa.

Para que el espectador lo entienda Carmen Armengou nos aclara que “cada vez que se graba, por ejemplo, una escena de lucha con espadas requiere un movimiento que está escenografiado al milímetro. Se monta una coreografía. Ahí trabaja otro especialista más cercano al mundo del teatro y los actores tienen que practicar esgrima, lucha o sable. Don Quijote es español y para contextualizar la trama que se rueda en España hay momentos en los que se baila danza española”.

BALLET CLÁSICO Y DANZA ESPAÑOLA



La trayectoria profesional de Carmen es clara como profesional en ballet clásico y, sobre todo, en danza española. Ha trabajado con Ábrego y en el Palacio de Festivales como coreógrafa en La Escuela de Artes Escénicas (EAE) del Palacio de Festivales. Rodó durante ocho años como solista en la importante compañía irlandesa Riverdance con sede en Dublín, pero con tres compañías que giran simultáneamente por tres continentes acercando la danza al mundo. Una especie de Circo de Sol formada por bailarines de danza irlandesa pero, con importantes solistas rusos y que mezclan el claqué americano con otros estilos como danza española, en la que Carmen ejercía de esplendorosa solista. Todo aderezado con cantantes y actuaciones en directo. Un gran espectáculo con el que estuvo de gira por Estados Unidos, Sudamérica, Europa, Asia… Así durante años hasta que finalizó la gira en 2010.

Posteriormente tomó con fuerza la docencia en la escuela que dirige y que compagina con la coreografía de espectáculos. Había trabajado en televisión y en teatro siempre en coreografía y vinculada a la danza. ‘El hombre que mató a Don Quijote’ es su primera película. Durante su carrera se ha formado con Maya Mijáilovna Plisétskaya, -una de las máximas bailarinas de ballet ruso del Teatro Bolshói, a la cual se le otorgó el título de prima ballerina assoluta- y ha actuado para el artista Javier Lamela en su obra ‘Blanco y Negro’.

 

A la profesora de baile le parece “una maravilla” el documental Dancer de Sergéi Polunin que ha acercado la danza al gran público sobre la inestable vida del bailarín del Royal Ballet. Nuestra protagonista disfrutó con la muestra de la vida del bailarín desde dentro pero, se siente apenada por la escenificación “siempre de esos casos extremos”. “Documentales de flamencos como ‘La Chana’ o ‘Paco de Lucía’ me han llenado y encantado a partes iguales. Me parecen interesantes para los estudiantes”. “Pasó en el cine con Cisne Negro y con Sergéi en Dancer es como si quisieran coger todos los estereotipos. Muy comercial pero, poco educativo para las nuevas generaciones de baile por mostrar ese mundo desalentador que en ocasiones no corresponde con la realidad. No conozco a tantas personas que les hayan sucedido todas esas desgracias. Por supuesto que los hay como en muchas profesiones, la danza es sacrificada. Un trabajo de deportista de élite que hoy en día sigue sin estar demasiado valorado, especialmente en España que no tenemos metida esa cultura en nuestro país. Avanza pero, muy lento. Es un poco la hermana pequeña. Quiero que los jóvenes se queden más con un mensaje positivo sin drama. Bailar es duro, es sacrificado pero, la respuesta siempre es positiva, es una experiencia muy personal y otorga una alegría personal enorme. La danza te elige. Por mucho que te guste. Puedes tener capacidades, talento pero, lo necesario es trabajo y trabajo diario”.

-¿Qué supuso para la bailarina volver a la realidad del trabajo diario después de una gran producción? ¿O de una gira por todo el mundo y con el ajetreo que conlleva viajar durante 8 años prácticamente cada semana en una ciudad o en un continente diferente?

-Soy muy santanderina, me gusta muchísimo mi trabajo, me encanta enseñar. Son fases dentro de una carrera artística. Eres bailarín en activo, luego te dedicas a la enseñanza y al mundo de la coreografía. Para mí es muy motivador, un chorro de aire fresco y una gran experiencia. El trabajar con un director de la talla de Terry Guillian supuso un gran aprendizaje dentro de ese contexto creativo. Una experiencia muy enriquecedora.

En conclusión, el director dejó libertad. La película que casi pereció en otra obra más, frustrada como miles, se llevaba queriendo filmar desde hacía 20 años. Los actores hablaban en el rodaje de esa liberación y de adaptar el guión. En definitiva, ser un poco más libres para que saliera el verdadero ‘yo’ de cada uno como única salida a un más que digno final.

La pregunta obligada surge sin paliativos a una bailarina experta que ha girado por el mundo en una compañía: ¿Usted cree que los españoles tenemos esa vena que nos diferencia para movernos mejor que los europeos o que los americanos?

-No tengo ese concepto. He viajado por todo el mundo y todavía me sorprende muchísimo. El movimiento va más con el carácter que con la nacionalidad. El arte es personal. Al flamenco se acercan japoneses y ahí ves que tenemos mucho más que ver con ellos que con otras culturas. Se encuentra más en la actitud personal que en la nacionalidad.

Al Aire Carmen L. Armengou

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La coreógrafa prepara un espectáculo en solitario “para mi público de Cantabria”. “En breve preparé un show. A lo largo de los años ha ido ‘in crescendo’ en su trayectoria profesional pero, vinculada a la tierra que la vio nacer. Siempre ha querido estar cerca de Santander donde espera su familia creativa: hermano músico, un padre joyero, una madre bailarina, abuelo locutor y una abuela pianista”.

-¿Qué opina sobre el sempiterno tema de la minusvaloración de la danza en España como arte menor?
-A la buena formación se le da en general poca importancia y ningún apoyo. En la formación es más importante el resultado final que todas las horas que debes trabajar. Por la televisión y los reality shows parece que la danza la puede hacer todo el mundo y cuando te encuentras que te quieres formar te das cuenta que necesitas muchas más horas. No se valora la buena formación. Las salidas profesionales son las mismas de siempre: si eres español te tienes que ir de tu ciudad hacia Madrid o Barcelona y luego traspasar fronteras independientemente del estilo de baile. Se tiene que valorar como una profesión difícil. También comprendo que es caro, aunque el tenis o el sky lo son y la gente los practica. Además, de todas las artes es la carrera más efímera y corta en comparación con que la de un músico o un actor. Requiere de estudios intensos a edades prematuras y apartar otras actividades para centrarte en esto para poder avanzar. Tiene pocos apoyos y faltan ayudas. Inculcaría esa formación en los colegios en la educación básica para empezar a poder cambiar algo.

 


“Cantabria podría mejorar el arte de la danza y que se viera como una profesión con la creación de un conservatorio”


 

La docente del baile está ilusionada con que hayan paralizado la fusión del Teatro Real con el Teatro de la Zarzuela: “No se da importancia al teatro que programaba danza. Me parece tremendo que las compañías nacionales no cuenten con su propio teatro o sede. En cualquier capital europea hay un teatro como sede de un ballet nacional y aquí no. Que ya absorba el Teatro Real a la Zarzuela me parece complicado. Deja a la danza un poco apartada, por no hablar de los trabajadores. A nivel social influye. Perderíamos un espacio y todo el turismo que pueda ver el espectáculo. Es triste que no haya una programación estable de danza en una compañía nacional y que no pueda verlo el público. Es minusvalorar a la danza. Es una pena que tanto la compañía nacional -danza clásica y contemporánea- como el ballet nacional -danza española- tengan más repercusión fuera de España que en nuestro país. Cantabria podría mejorar el arte de la danza y que se viera como una profesión con la creación de un conservatorio. Así podría comenzar a cambiar el futuro profesional. Sería fundamental que hubiera más ayuda para la creación de una compañía. Las actividades han estado más centradas en la enseñanza pero, enseguida un profesional se tendría que ir de aquí porque no hay un paso intermedio para bailar y desarrollar su carrera. No es entendible que no haya ningún conservatorio de danza y en cambio sí que existen muchas escuelas en toda la comunidad. Un conservatorio público de danza sería importante. El Gobierno de Cantabria debería apoyar a las asociaciones con iniciativas mediante circuitos de baile. Si hubiera una cantera más profesional sería más fácil apoyar a los jóvenes artistas ya que individualmente es muy caro. Por ejemplo, el instituto Torres Quevedo hace lo que puede”.

-¿Algún consejo para los que se quieran dedicar a este mundo?
-Que luche por lo que cree y que sueñe a lo grande. Que trabaje para conseguirlo”. “Además, hay que utilizar internet de forma inteligente. Antes tenías que ir al gallinero y entrar al teatro gastándote el dinero para dejarte imbuir por la danza. Tienes que estar formado de forma global. No te quedes en la danza si no que tienes que visitar museos, ir a conciertos. Absorbe de otras disciplinas, se curioso y observa otras artes. Un artista debe de enriquecerse de todas las artes. Las nuevas tecnologías permiten aprender e investigar a fondo.

Carmen colabora junto a su cuñada, la también bailarina Alia Dovidena, en iniciativas que tienen en el baile a su referente. La escuela Danzaliarte, propiedad de Dovidena, organiza batallas freestyle en las que Armengou beca a estudiantes y bailarines. El proyecto itinerante transcurre entre Santander y Torrelavega.

Carmen Armengou forma parte de la Asociación Cantabra de Danza y de la Asociación Movimiento en Red. Ambas, fundamentales en Cantabria para proporcionar un apoyo y una ayuda al bailarín que comienza. Como guinda la coreógrafa crea y dirige un Ciclo de Danza Anual en Santander llevado a cabo por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Santander. La mejor manera para mostrar el trabajo de los alumnos de toda la región en un entorno tan idílico como el Paraninfo de la Magdalena.

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