Recordando el delantal de la abuela

Ese maravilloso complemento que vestían madres y abuelas, donde se escondían los más tímidos y se guardaban los caramelos

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Mi compañera Leticia Mena me remitió hace unos días vía whatsapp un texto que circula por la red dedicado a un entrañable objeto del ayer: el delantal de la abuela. Me gustó mucho. Entre otras razones porque demuestra que el universo de Internet, aunque sea pasito a pasito, se va humanizando. ¡Aleluya! No sólo ocupan en él los asuntos más desagradables del planeta Tierra, sino también detalles que forman parte del museo de los sentimientos. El citado delantal es uno de ellos.

Como precisa muy bien el texto apócrifo (lástima, pues me encantaría felicitar al autor), su principal función era proteger el vestido que tenía debajo. Pero, además, “servía de agarradera para retirar la sartén más que caliente del fuego. Era una maravilla secando las lágrimas de los niños y, en ciertas ocasiones, limpiando sus caritas sucias. El delantal servía para transportar desde el gallinero los huevos, los pollitos…” Y cuando llegaban a casa visitas “servía de refugio a los niños tímidos”. Real como la vida misma.

Aquel delantal -exactamente aquel, por su polivalencia- ha caído casi en el olvido. Quizá únicamente lo utilicen ya abuelas que residan en pueblos y su misión no sea, al cien por cien, la misma que antaño. Hoy, remata el texto, todo ha cambiado: “Las agarraderas de las sartenes ya no queman. Las caritas de los niños las lavamos con toallitas húmedas…”

El delantal de la abuela era, queda claro, mucho más que un simple trapo. Como se añade acertadamente en el texto, “pasarán largos años” antes de que alguien invente un objeto que pueda reemplazarlo. Así es. Largos, si es que alguna vez un genio de lo práctico inventa la sustitución. Constituía un símbolo de autenticidad, sencillez y, en el fondo, amor del bueno. En consecuencia su recuerdo atiza, de manera inevitable, el fuego de la siempre agridulce nostalgia. Snif.

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Javier Rodríguez
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido locutor y presentador de programas en Radio Torrelavega, COPE Cantabria y Punto Radio Santander. Desde sus populares emisiones radiofónicas fue el promotor de los monumentos que el Ayuntamiento de Santander erigió en la ciudad al cantante Jorge Sepúlveda y los payasos 'Hermanos Tonetti'. En televisión ha presentado Informativos y programas de entrevistas en Canal 8 DM TV. Escribe artículos de actualidad y la sección “El Mirador” en El Diario Montañés, periódico líder en ventas y difusión en Cantabria. Ha ofrecido diversas conferencias, imparte el curso “Aprender a hablar en público' y es autor de los libros 'Manual para un espectador de circo', 'La televisión y los españoles', 'Risas y lágrimas. Historia de los payasos españoles', 'La paz, un difícil camino. 8 días con el ejército español en Bosnia-Herzegovina', 'El perfume del alma' y 'Lo que el tiempo se llevó'. Además, es profesor de la asignatura 'Habilidades de Comunicación' en el Centro Universitario CESINE, de Santander.