Recordando aquellos helados

Hubo un tiempo en el que algo tan cotidiano como comer un helado era todo un acontecimiento digno de mención

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A diferencia de otros tiempos (aunque lo parezca, no tan lejanos), el alto nivel de vida del que se disfruta en la actualidad permite múltiples caprichos. Uno de ellos, bien delicioso, comer un helado. En mi infancia esto no resultaba habitual. ¿Motivo? Escaseaban las ‘perras’ y, en consecuencia, poder comprar uno constituía sinónimo de acontecimiento.

Hablando de este asunto conviene destacar que en Cantabria siempre se han elaborado muy buenos helados, pues la tierra oferta de manera generosa algunos de los principales ingredientes de su fórmula. Por esa razón la imagen de los carritos con ellos a la venta formó parte del paisaje veraniego urbano.

Con la llegada de los tiempos modernos el sector empezó a fabricarlos de manera industrial. Y de formas muy sugerentes/comerciales. La empresa Frigo es referente al respecto. Críos que peinamos canas recordamos perfectamente propuestas tan sugestivas como Frigo dedo, Frigo pie, Capitán Cola, Drácula, Frigurón, Negrito, Calippo, Super espía, Phantom, Pop eye, etc. Tentaciones, sí, tentadoramente tentadoras. Varias siguen a la venta, pues tienen clientela fiel.

El recuerdo de los helados invita a reflexionar sobre el contraste entre los años donde, a efectos de consumo, los chavales escuchábamos constantemente en boca de nuestros padres la palabra ‘no’ y en los actuales casi ha desaparecido de su vocabulario porque la cartera permite alegrías sin fin.

Especialmente en verano, la mayoría de niños tienen la posibilidad de comer, si quieren, un helado diario (y si se les antoja, más). Seguro que cada uno dispondrá, también, de teléfono móvil, tablet, videoconsola, ordenador, etc. Lo dicho: el contraste pasado-presente es para ‘flipar en colores’. Hemos evolucionado de la nada al todo. La pregunta es: ¿están preparadas psicológicamente las nuevas generaciones (niños, adolescentes, jóvenes) para afrontar mañana cualquier adversidad económica del destino y sufrir, en consecuencia, un severo bajonazo en su nivel de vida? Ahí queda para la reflexión.

Javier Rodríguez

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Javier Rodríguez
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido locutor y presentador de programas en Radio Torrelavega, COPE Cantabria y Punto Radio Santander. Desde sus populares emisiones radiofónicas fue el promotor de los monumentos que el Ayuntamiento de Santander erigió en la ciudad al cantante Jorge Sepúlveda y los payasos 'Hermanos Tonetti'. En televisión ha presentado Informativos y programas de entrevistas en Canal 8 DM TV. Escribe artículos de actualidad y la sección “El Mirador” en El Diario Montañés, periódico líder en ventas y difusión en Cantabria. Ha ofrecido diversas conferencias, imparte el curso “Aprender a hablar en público' y es autor de los libros 'Manual para un espectador de circo', 'La televisión y los españoles', 'Risas y lágrimas. Historia de los payasos españoles', 'La paz, un difícil camino. 8 días con el ejército español en Bosnia-Herzegovina', 'El perfume del alma' y 'Lo que el tiempo se llevó'. Además, es profesor de la asignatura 'Habilidades de Comunicación' en el Centro Universitario CESINE, de Santander.